Reductio ad Hitlerum

Uno de los periodistas más radicales de la derecha mediática de Madrid, Hermann Tertsch, fue brutalmente apaleado a altas horas de la madrugada en una noche de farra. No se sabe bien qué ocurrió exactamente, ni siquiera si hay denuncia de los hechos, y la policía aún no ha encontrado testigos.
La derecha radical madrileña culpa de los hechos a un chiste que se hizo sobre él en una cadena de televisión “de izquierdas”. Piensan que, al igual que los nazis, la izquierda mediática española señala las víctimas a las que deben odiar los violentos para que éstos actúen sobre ellos.
Los acusados, en cambio, dicen que no tienen nada que ver con los misteriosos hechos, y que es la derecha madrileña quien actúa como los nazis acusando sin pruebas de violencia política a quien quieren quitar de en medio.
Los comentarios que he visto en foros de Internet que hablan sobre este tema se dividen claramente entre los dos bandos, aunque todos coinciden en llamar nazis a los que no piensan como ellos.
La verdad es que todos sabemos que traer a Hitler al Madrid de hoy en día es una completa barbaridad. Pero el mundo ha encontrado su nuevo Demonio, la definición del Mal absoluto sobre el que poder valorar objetivamente qué es bueno y qué es malo en función de lo que se asemeja o se aleja de ese punto objetivo del Mal. Un sistema de referencia.
Y, así, el fenómeno de las discusiones online, que permiten hoy en día las tecnologías de Internet, ha traído consigo una nueva falacia: el “reductio ad Hitlerum”, que consiste en argumentar: Hitler hacía x, luego x es malo.
A esta nueva falacia se le ha llamado la Ley de Godwin o regla de analogías nazis. Establece que según se alarga una discusión en Internet, la probabilidad de que se mencione a Hitler o a los Nazis tiende a uno, lo que hace que el fundamento de la conversación, sea ésta la que sea, pierda todo su sentido y deba darse ya por terminada.
Así, es fácil encontrar todo tipo de discusiones en ciberforos en los que en un momento dado se compara George Bush con Hitler. Pero también los hay que acaban comparando a Obama con Hitler, o al Real Madrid con la Gestapo. Incluso se acuñan nuevos términos tan estúpidos como “feminazis” (para “argumentar” contra el feminismo) o nazionalistas (para “argumentar” contra los nacionalistas que no coinciden con el nacionalismo de quien pronuncia la falacia).
Intuyo que un estudio sobre las discusiones en Internet demostraría que los españoles nos comportamos como nazis con los vascos en casi tantos foros como los vascos se comportan como nazis con los españoles, o que el grado de nazismo de los que prefieren pasar las vacaciones en la montaña es el mismo que el de los que prefieren ir a la playa, cuando la discusión tiene al infinito.
El “reductio ad hitlerum”, la nueva falacia internetera, se propaga por cualquier campo que podamos pensar, acabando con cualquier ejercicio de reflexión sobre el tema que sea. Y como Hitler orinaba nada más levantarse, todos los que tengamos esa costumbre estamos en peligro dialéctico de ser categorizados como nazis. Cuidado.
Un libro para Godwin: La noche de los tiempos, de Antonio Muñoz Molina
Una película para Godwin: Las normas de la casa de la sidra, de Lasse Hallström
Una canción para Godwin: No religion, de Van Morrison
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