domingo, marzo 17, 2013

Nada está escrito



En la película de David Lean Lawrence de Arabia, un grupo de hombres atraviesa el gran desierto de Nefud para preparar la ofensiva contra la ciudad de Aqaba en la Primera Guerra Mundial. Tras unos horribles días de marcha agotadora, un miembro de la tropa llamado Gasim se pierde entre las dunas mientras el grupo avanza sin percatarse de ello. Muchas horas después, cuando se dan cuenta de que Gasim no está ya con ellos, Lawrence (brutal personaje interpretado por un Peter O’Toole único) quiere ir a rescatarle. Todos sus compañeros se niegan, especialmente el jefe del grupo, Sherif Ali (genial Omar Shariff), quien le dice que está escrito que Gasim muera en el desierto. Pero el orgullo de Lawrence y las ansias por hacerse valer ante todos los demás hacen que desoiga lo que dicen y vaya en su búsqueda.

Nadie confía en que el rubio inglés consiga volver con vida del desierto. Todos le toman por loco, y continúan su avance. Pero Lawrence vuelve con Gasim en su camello. Avanza entre el grupo de hombres fascinados por la hazaña hasta situarse frente a Ali, y antes de beber el agua que le ofrece, le mira fijamente a los ojos y le dice “Nada está escrito”. Y es en esta secuencia donde se produce un cambio fundamental en la interrelación de los personajes de la película. Sherif Ali, que siempre se había mostrado negativo ante la presencia de un británico entre ellos, comienza a sentir a partir de ese momento una admiración inmensa hacia Lawrence. Éste, por su parte, si ya era orgulloso previamente, a partir de ahora lo será aún más, siendo consciente de cómo todos comienzan a venerarle, y consigue imponer sus criterios militares en la estrategia para tomar Aqaba.

Sí, se puede. Pero no olvidemos que, por cosas del ritmo narrativo, una de las primeras normas del guionista de cine es reducir el número de protagonistas y juntar caracteres en uno solo, eliminar subtramas e imponer los tres actos de la estructura dramática (introducción, nudo, desenlace). No desarrollaríamos la emoción si nos encontráramos con una historia tan compleja como lo suele ser la realidad.

Si, se puede, pero necesitaremos algo más que un Lawrence. No es tiempo de superhéroes rubios sino de muchas conciencias y mucho trabajo. La gente no es estúpida. Nuestra pulsión primaria de decencia y justicia, nuestro sentido común debería unirnos. Darnos cuenta de que todos estamos en el mismo barco.

Navegamos en un extraño barco,
Alcanzando una extraña playa,
Llevando la más extraña carga
Que nunca embarcó.
Navegamos por un extraño mar,
Impulsados por un extraño viento,
Llevando la más extraña tripulación,
Que nunca se contrató.
Conducimos un extraño coche,
Seguimos una extraña estrella,
Escalamos la más extraña cumbre
Que nunca se alcanzó.
Vivimos un tiempo extraño,
Persiguiendo un extraño objetivo:
Transformar nuestro cuerpo en alma

(Mike Scott)


  

Una canción para Lawrence: Strange boat, de Waterboys

Una película para Lawrence: Arriba Hazaña, de José María Gutiérrez Santos

Un libro para Lawrence: Indignaos, de Stéphane Hessel



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10 Comments:

Blogger pazzos dijo...

Hoy tu entrada viene cargadita de delicatessen: David Lean, los Waterboys y una invitación a que creemos nuestro propio futuro ¡Casi ná!

Buen post, muy bueno.

marzo 17, 2013 3:59 p. m.  
Blogger O SuSo dijo...

Aqaba está en nosotros, es posible conquistarla, nada está escrito Dr Lagarto, de nosotros depende nuestro camino...
ya somos uno, un TODO, simplemente que no lo queremos ver, por inconsciencia, pero Aqaba está ahí delante nuestra y será conquistada, sea como fuere, nada está escrito.

Preciosa entrada, llevo días queriendo revisualizar esta película que me fascinó en su momento, gracias por el empujón: A POR AQABA!!!

marzo 19, 2013 6:31 p. m.  
Blogger Food and Drugs dijo...

Nada está escrito, o dicho con otras palabras, a tomar por saco el determinismo.
Está bien. Siempre hay que apostar por un bando, y ya puestos, que sea el del libre albedrío.
Eso sí, yo personalmente me acojo a mi condición de abstencionista total en la materia, y si me apuras hasta en la antimateria.
Saludos.
;-)

marzo 23, 2013 9:31 p. m.  
Blogger Lhurgoyf dijo...

Nada esta escrito, aveces creemos que nosotros escribimos todo lo que nos sucede, pero no siempre es así.
Uno piensa en escribir una nueva frase, y todo resulta en algo distinto, otras veces uno planea hacer algo y sale aun mejor del o esperado; y algunas más escribimos justo lo que deseábamos escribir.
Creo un poco más en un dicho popular que dice: "Uno propone y Dios dispone." Creo que efectivamente somos capaces de escribir nuestro propio destino, pero que no siempre eso depende de nosotros, aveces hay más cosas, personas, y por que no decirlo, hasta la suerte suele cambiar los resultados de lo que deseamos escribir en nuestras vidas.
Un saludo y como siempre es un placer leerte.

marzo 24, 2013 12:00 a. m.  
Blogger Antígona dijo...

Yo también creo como Lawrence, doctor Lagarto, ¡y proclamo!, que nada está escrito y que tenemos el poder de intervenir en el mundo y de alterar el curso de los acontecimientos según nuestra voluntad. Es cierto que, para según qué cosas, no basta con nuestra voluntad individual sino que es preciso que se reúnan las de muchos. Pero si ni siquiera empezamos por creer en nuestra propia capacidad de intervención, por mínima que ésta sea, ¿cómo llegaremos a confiar en la posibilidad de esa unión de voluntades capaz de transformar lo que parece destinado a producirse?

Pensar que todo está escrito significa creer que somos absolutamente impotentes ante el futuro. Que no nos cabe sino esperar sentados a ver cómo discurre ante nuestros ojos el curso inalterable del mundo. Que somos puros cuerpos físicos de comportamiento perfectamente predecible por responder a leyes inamovibles que permiten escribir su destino. Y sí, es cierto que nosotros, también, somos cuerpos físicos que, dejados caer por una ventana, se rigen por las mismas leyes que rigen el movimiento de los planetas. Pero no somos sólo eso: dentro de esos cuerpos físicos de los humanos se encuentra algo difícilmente conceptualizable que llamamos libertad, decisión, voluntad, querer. Algo por completo ajeno al orden de esas leyes y, por tanto, nunca predecible ni explicable a través de ellas. Algo que es lo que permite a Lawrence arriesgar su propia vida para salvar a otro hombre de la muerte en el desierto y contrariar así toda previsión acerca de su supuesto destino ya escrito.

Supongo que el problema es que muchas veces somos como ese grupo de hombres que atraviesan el desierto. Nos da miedo enfrentarnos a los elementos. Nos sentimos demasiado pequeños en medio de esa inmensa extensión de arena. Demasiado frágiles para desobedecer o no ajustarnos a las conveniencias. Un falso sentido común nos invita a deslizarnos por los cauces que otros construyen para nosotros sin oponer resistencia. Cuando, sin embargo, como usted bien dice, ese sentido común es el que debería hacernos apostar por esa pulsión primaria de decencia y justicia que, en los tiempos de corren, ya no puede desplegarse por los cauces establecidos.

Todos estamos en el mismo barco, es cierto. Pero algunos creen que está escrito que la gran mayoría se hacine en las bodegas y pase hambre y frío mientras unos pocos privilegiados brindan con champán sobre cubierta y se atiborran a caviar iraní. Pues no, tampoco eso está escrito. De ningún modo.

Un beso, doctor Lagarto!

marzo 31, 2013 8:43 p. m.  
Anonymous Diciembre dijo...

Me encanta todo lo que dice Antígona sobre este tema y como lo expone. En especial cuando nos descubre el quid de la cuestión al decir: "si ni siquiera empezamos por creer en nuestra propia capacidad de intervención, por mínima que ésta sea, ¿cómo llegaremos a confiar en la posibilidad de esa unión de voluntades capaz de transformar lo que parece destinado a producirse?"

El problema es que nos instalamos en una especie de resignación común generalizada al convencernos a nosotros mismos de la imposibilidad de lograr esa unión de voluntades. En realidad nuestra sociedad actual es un termómetro roto y nosotros el mercurio, desparramado. Lo malo es que creemos ser un termómetro digital, totalmente desbaratado...

Pienso que la dificultad también estriba en esa pulsión primaria de la que hablas, NoSurrender, porque, como dice un buen amigo mío, el problema es que hay personas que tienden a la mezquindad, por tanto, ellas mismas renuncian a su posible grandeza. Es complicado...

Un saludo

abril 04, 2013 1:06 a. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Pazzos, me temo que mis referencias son limitadas y que acabo repitiéndome bastante. Pero son estupendas, eh :) Un saludo!


O Suso, espero que hayas vuelto a disfrutar de esa gran película. Hablando de David lean, yo tengo que revisar Doctor Zhivago un día de estos, por cierto. En fin, Aqaba está ahí, pero no sé si seremos capaces todos de ponernos de acuerdo en señalar al mismo sitio con el dedo. Salud!

abril 21, 2013 10:06 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Food&Drugs, yo no creo en el abstencionismo. Me equivoco, me rebelo, me indigno, me deprimo y digo eso de The Who, “Won't Get Fooled Again”. Pero luego no puedo evitar la necesidad de hacer algo, lo poco que me dejan hacer, y hacerlo y quejarme después, pero después de haber hablado, de haberlo intentado aunque me haya equivocado. Salud!


Desde luego, Lhurgoyf. Intentar no es conseguir. Siempre quedan un montón de cosas ajenas a nuestro control que resultarán determinantes para el devenir de los acontecimientos, incluido el famoso vuelo de la mariposa china. Pero de la misma manera que lo hace la mariposa chica, también nosotros mismos interactuamos en nuestro futuro. Quedarnos parados, no andar hacia donde queremos es la mejor manera de no avanzar, sin que avanzar signifique alcanzar el objetivo. Algo así.

abril 21, 2013 10:06 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Doctora Antígona, estoy copletamente de acuerdo con todo lo que plantea, pero la unión de voluntades no la veo yo tan clara. O, al menos, no más allá de la pose y la declaración en este país. El español, a lo largo de su historia, no se ha caracterizado precisamente por su solidaridad de pueblo y su determinación de justicia. Y antes de intentar salir de la bodega para salir a cubierta, ha preferido matar a sus compañeros para tener más espacio para sí mismo en la bodega. Los españoles somos un cuadro de Goya.

Quizás algunos travisten de destino lo que meramente es comodidad y falta de compromiso social. Divide y vencerás es una estrategia política que nunca ha fallado en este país, ay.

Besos, doctora Antígona!

abril 21, 2013 10:06 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Diciembre, como le decía a Antígona, quizás es que nos convencemos de que estamos en la zona de confort, aunque no lo estemos. Ya conocerás la historia de la rana que, dentro del cazo de agua templada no se da cuenta de que la temperatura empieza a subir muy lentamente hasta que queda hervida sin moverse del sitio. En fin, todo muy complicado, sí.

Besos, diciembre!

abril 21, 2013 10:06 p. m.  

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