domingo, mayo 05, 2013

Ropa sucia


Aminul Islam era un activista pro-derechos humanos de Bangladesh que llevó a cabo una campaña para organizar a los trabajadores y negociar un compromiso de mejora de las condiciones en las fábricas del sector textil, que hoy por hoy representa el 17% del PIB en el país asiático. Su cuerpo fue encontrado por la policía en abril de 2012 en las afueras de la capital. Según el atestado, fue torturado y asesinado. Nunca se detuvo a los culpables.

Desde su asesinato, cientos de trabajadores en condiciones de semiesclavitud han muerto en las fábricas textiles de Bangladesh mientras éstas se hacían más competitivas para sus contratantes europeos y americanos. El sector textil de Bangladesh -junto con el pakistaní- es el más competitivo del mundo y ha conseguido eliminar a China porque los altísimos salarios chinos no son competitivos en el sector. En Bangladesh se dan los salarios industriales más bajos del mundo: 32 euros al mes.

Con 32 euros al mes los trabajadores de las prendas que compramos (El Corte Inglés, Zara, etc.) no tienen siquiera para transporte, por lo que en muchos casos duermen en las mismas fábricas. Por eso nunca sabremos siquiera el número de muertos producidos en el edificio de Dacca. En el momento en que escribo esto se han contabilizado ya 501 muertos, como la marca de Levis.

Al igual que pasó con el fast-food, parece que se ha impuesto de moda el fast-fashion. Los países desarrollados (si es que todavía lo somos) compramos ropa compulsivamente. En Alemania, en 2011 se vendieron 5.970 millones de prendas, el equivalente a 70 unidades por persona. La OCU dice que cada español se desprende al año de siete kilos de ropa usada, lo que supone la generación de 300.000 toneladas anuales de residuos textiles de uso doméstico en España. Con estas condiciones de demanda, las multinacionales textiles no pueden sino producir más y más barato para permanecer en la rueda de la competencia. Inditex, la empresa más capitalizada de España, presume incluso en su Memoria Anual 2011: “Todas las tiendas del mundo reciben nuevos modelos dos veces por semana”.

Pero la competitividad sistémica del capitalismo tiene que seguir avanzando, y ya no es suficiente con pagar sueldos de 32 euros al mes para mantener el ritmo competitivo que genere los suficientes beneficios empresariales.  La presión de las multinacionales textiles para bajar sus costes ha llegado ya al límite de la esclavitud técnica con los 32 euros al mes, por lo que los contratistas se ven incentivados a buscar el ahorro a través de nuevas ideas emprendedoras. Recortes (o ajustes o reformas, como prefieren llamarlo los políticos  europeos). Dado que no se pueden flexibilizar más los salarios, estos empresarios han encontrado un filón de flexibilidad  en la reducción de costes por el mantenimiento de las infraestructuras. De esta manera, tiendas de nuestros barrios como Zara o El Corte Inglés, pueden ofrecernos camisas monísimas a precios de ganga.

Ya antes de estos homicidios de la deslocalización y la explotación capitalista, Estados Unidos estaba estudiando excluir a Bangladesh de su programa de preferencias arancelarias, que permite a varios países en desarrollo exportar productos libres de impuestos. No sé si la solución sería cargar de impuestos a estas empresas, ya que probablemente éstos acabarían afectando aún más a las condiciones de sus trabajadores antes que a los beneficios empresariales. Creo que bastaría con legislar la obligatoriedad de etiquetar las prendas en un sitio bien visible (no en la parte interior del cuello) con un color que identifique claramente el grado de respeto a los derechos humanos en la cadena de suministro de la marca que nos lo vende. Creo que con eso ya podríamos decidir los consumidores.



Get up, stand up: stand up for your rights! 
Get up, stand up: don't give up the fight! 



Un libro para Aminul Islam: Seda, de Alessandro Baricco

Una película para Aminul Islam: Germinal, de Claude Berri

Una canción para Aminul Islam: Get up stand up, de Bob Marley

12 Comments:

Blogger Gemmayla dijo...

Ayer escuché en una tímida noticia radiofónica que el número de victimas ascendía a más de 600. Los cinco talleres textiles albergaban 3000 personas. Otros 600sufren gravísimas amputaciones y heridas. La noticia está siendo ya silenciada en todos los medios.
Mirar el etiquetado antes de comprar, no cuesta nada. Tardamos más en mirar la etiqueta del precio y en probarnos la prenda. No quiero ropa manchada de sangre y esclavitud humanas. Y estoy más que harta de mis compatriotas que compran sin ton ni son, sin conciencia ni escrúpulo. ¡Basta ya, por favor!

mayo 07, 2013 4:53 a. m.  
Blogger Jota Martínez Galiana dijo...

A mí esto me parece uno de los mayores escándalos, amén de tragedia, que se han producido en los últimos tiempos. Pero como quien tiene las manos manchadas de sangre es el Corte Inglés, todos calladitos. Es repugnante.

mayo 07, 2013 8:39 a. m.  
Blogger Diego dijo...

Y a pesar de que lo sabemos, preferimos (unos/as más que otras) comprar y comprar y vestir a la última moda.

Yo pienso que las cosas no van a cambiar hasta que no cambiemos nuestras “necesidades”. De poco sirve escuchar que los españoles han cambiado su hábito de consumo por la crisis, porque lo hacen de manera forzada; cuando vuelvan a tener dinero, volverán a llenar los centros comerciales con sus hijos los fines de semana.

Es muy triste porque nada cambia y todavía se defiende este modelo ya más que podrido y cuyas repercusión, lo vemos, son asesinas y predadoras (con el ser humano y con el medio ambiente).

Yo no sé si el ser humano es un hijo puta por naturaleza o un explotador o qué diablos. Pero estas cosas le definen muy bien. Y luego aplaudimos al bueno de Amancio como empresario ejemplar por ser de los tipos más ricos del mundo y le compra caballos de 12 millones de euros a su yerno.

Si la gente envidia eso, ¿cómo van a cambiar de actitudes y conductas?

Abrazo

mayo 07, 2013 6:55 p. m.  
Blogger Gemmayla dijo...

Ya van 800 muertos y un nuevo incendio en Bangladesh se cobra ya otros 7 muertos, entre ellos un directivo y una lato cargo policial hhttp://www.lavanguardia.com/sucesos/20130509/54373333288/incendio-taller-bangladesh-muertos.html

Vengo de la manifestación por Nuestra Enseñanza Pública y me pregunto dónde han sido facturadas tantísimas camisetas verdes. La mía está hecha en Toledo.

Al regresar, las tiendas típicas de ropa estaban a rebosar de mujeres comprándose trapos. Siento vergüenza ajena de mi país y el nivel bajísimo de conciencia que cultiva.
Escuchemos las palabras que nos dejó como su última herencia José Saramago

http://www.youtube.com/watch?v=bHV20tapkkQ

¡CONCIENCIA, POR FAVOR, EN ESPECIAL A LAS MUJERES QUE COMPRAN LAS PRENDAS DE VESTIR PROPIAS Y DE SUS FAMILIAS, CONCIENCIA, POR FAVOR! ¡URGE CONCIENCIA!

mayo 09, 2013 8:11 p. m.  
Anonymous Diciembre dijo...

Está claro que el asunto parte de un problema de base debido a la estructura corrupta del propio país afectado y como ejemplo el vil asesinato de Aminul Islam. Pero también es cierto que todos y cada uno de nosotros debemos de implicarnos y exigir, por obligación ética, moral y humana, que se pongan los medios necesarios para solucionar eficazmente el problema de esas personas ya que es totalmente vergonzoso, inadmisible y lamentable que estén trabajando en condiciones tan abusivas e infrahumanas, con el agravante de los míseros salarios que perciben.

Opino que la solución no pasa por dejar de comprar los artículos de las empresas implicadas porque está claro que ello repercutiría negativamente en los propios trabajadores de esas fábricas ya que serían los primeros perjudicados al verse reducida su producción.

Se trata más bien de exigir de modo enérgico y reiterado a todas esas empresas productoras y compradoras su implicación y promesa firme de una puesta en marcha de todas las reformas necesarias para que esas fábricas cumplan con estándares y certificaciones laborales, etc., correctos, que garanticen la solución definitiva a esta gravísima e injusta situación. Tal vez el comienzo del fin sea ofrecer nuestro apoyo a las diversas plataformas que actualmente se hallan trabajando en el asunto.

Y desde luego que la obligatoriedad de etiquetar las prendas del modo que sugieres sería un método pero que muy interesante para tratar de frenar la avaricia y la falta de escrúpulos de muchas empresas...

Gracias, NoSurrender, por despertar conciencias.

Besos

mayo 18, 2013 2:16 a. m.  
Anonymous Molina de Tirso dijo...

Yo sería más radical: no pondría etiquetas, prohibiría radicalmente la entrada en el país de los productos de empresas que practican la explotación. A lo mejor soy muy ingenua, pero pienso que no tendrían más remedio que tragar. Si ese estado de cosas se perpetua es, exclusivamente, por la inadmisible tolerancia de los gobiernos.

mayo 18, 2013 12:33 p. m.  
Blogger Antígona dijo...

¿Que los salarios no se pueden bajar más? Hombre, siempre cabe la posibilidad de no pagar salario alguno y ofrecer trabajo a cambio de un camastro y un plato de comida. Hasta treinta dos euros al mes pueden ser demasiado cuando de lo que se trata es de maximizar el beneficio. La voracidad capitalista no tiene límites. De hecho, con esto de la crisis, en este mismo país han saltado a las redes sociales anuncios de trabajos en los que indicaba expresamente: “abstenerse de llamar quienes deseen trabajo remunerado”. Se pagaba en alojamiento y comida. No encuentro diferencia alguna entre eso y la esclavitud, dado que, quien acepta un trabajo así, se ve prácticamente condenado a no poder dejarlo nunca.

En la deslocalización las multinacionales han encontrado el chollo perfecto: producir sin tener que procurar que esa misma masa asalariada sea la que consuma sus productos. De ahí que puedan permitirse el lujo de pagar miserias con las que sus trabajadores no alcanzan a poder comprar esos mismos productos que fabrican. El mercado que posibilita su pervivencia –la de las multinacionales- lo tienen, por el momento, garantizado en otra parte. Y es que esas mismas multinacionales siguen necesitando de la existencia de trabajadores medianamente bien pagados que consuman sus productos. Pero, gracias a la globalización, cada una de ellas, por su natural afán de competitividad, puede por ahora mismo desentenderse de la necesidad de contribuir a la creación de esa masa de potenciales consumidores y exclamar: ¡que la creen otros!

¿Hasta cuándo? Del mismo modo que el capitalismo se sustenta sobre la explotación del trabajador, también necesita de su enriquecimiento para pervivir. ¿Dónde está, pues, el límite de la contradicción inherente al propio capitalismo?

Dado que, como digo, el capitalismo necesita de compradores medianamente bien remunerados, entiendo lo que señala del poder que como consumidores tenemos. Sin embargo, en lo que respecta a este tipo de cosas, creo más en el poder de la legislación. ¿Tan imposible resultaría que los Estados impidieran la entrada de productos en los países llamados desarrollados que no garantizaran que su fabricación se ha llevado a cabo desde una mínimo de condiciones laborales? ¿Realmente nos enfrentamos a un problema de imposibilidad material o, sencillamente, a una falta de voluntad política? ¿O es que esa voluntad política está condenada a ser ahogada por las presiones de los poderes económicos?

A fin de cuentas, los Estados tienen autoridades sanitarias que impiden que salgan al mercado productos alimenticios dañinos para la salud. ¿Por qué no podrían hacer lo mismo en relación a condiciones laborales mucho más dañinas para la salud?

Ah, no, que se me olvidaba que, en esta época de pensamiento único, cualquier cosa que suene a regulación del mercado es denostada por atentar contra las libertades de los agentes económicos.

Lo siento, pero de un tiempo a esta parte me cuesta ser optimista con estos temas. Lo más probable es que nada cambie, y que la próxima vez que se produzca una tragedia como la de Bangladesh ni siquiera nos enteremos porque se prohíba a la prensa hablar de ello. Algo similar está sucediendo, por lo visto, en Grecia, donde los alarmantes niveles de pobreza a los que están conduciendo las imposiciones de la Troika han sido calificados por medios alternativos de tragedia humanitaria. ¿Y cuántos medios de comunicación de gran difusión hablan de ello?

Un beso, doctor Lagarto!

mayo 18, 2013 9:17 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Gemmayla, a estas alturas sabemos que ya se ha superado el millar de muertos. La cifra total no la sabremos nunca. Respecto al etiquetado, hoy en día no es obligatorio poner nada referente a la responsabilidad social de la empresa. Hay mucho camino que recorrer.

Jota, el poder en los medios de comunicación lo detenta quien sostiene esos medios de comunicación: los bancos que lo financian y los anuncios y compradores que generan sus ingresos. Y en un mundo online en el que impera la cultura de que la noticia es gratis, nos olvidamos ya de los ingresos provenientes de los clientes y nos quedamos sólo con los bancos y los anunciantes. ¿Qué futuro esperamos entonces para los medios de comunicación? Este es un gran debate.

mayo 19, 2013 9:56 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Diego, tampoco yo pienso que las cosas vayan a cambiar significativamente hasta que nosotros, los consumidores, empecemos a consumir de otra manera. El verdadero poder lo tienen los consumidores. Lo único que hacen los empresarios textiles es interpretar los deseos de los consumidores más allá de lo que los propios consumidores sabes sobre sí mismos. Sin Freud no existiría el marketing.

El éxito profesional de Amancio es, precisamente, haber entendido muy bien al consumidor occidental y su preferencia de comprar diez camisetas de siete euros a comprar una de setenta. Y, claro, para esos niveles de producción y de precios, pues pasa lo que pasa. Y no he mencionado el tema ecológico de las toneladas de tintes que se derraman en los ríos del tercer mundo por este tema, que esa es otra. Es un problema de valores, de nuestros valores como ciudadanos, desde luego.

Salud!

mayo 19, 2013 9:58 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Gemmayla, pues ahora que lo dices, veo que mi camiseta verde por la defensa de la enseñanza pública es de Fruit of the Loom, una empresa que, según su reporte de RSC, fabrica en 387 ciudades distribuidas entre China, Bangladesh, India, Pakistán, Tailandia, Indonesia y Vietnam. La conseguí de la Plataforma de Vallecas, y nos dijeron que estaban produciendo a toda velocidad porque se agotaba ese tono de verde a marchas forzadas. Eso que nos parecía una buena noticia, en realidad resulta ser parte del problema. Tu comentario me ha hecho reflexionar, mucho. Actuar antes de pensar no es bueno. Besos!




Diciembre, estoy de acuerdo contigo. Las empresas que distribuyen esas ropas deberían implicarse más en la responsabilidad social de su cadena de proveedores. Algo hacen, lo sé y conozco gente implicada directamente en eso. Pero no es suficiente, se quedan en auditorías muy light sobre normativa internacional de la ILO y de Naciones Unidas, donde se chequean aspectos muy fácilmente manipulables y que rara vez llegan a las subcontratas. Pero al final esto es un trabajo de todos; de las empresas, de los legisladores y de los consumidores. Gracias a ti y besos!

mayo 19, 2013 9:59 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Molina, el que propones es un tema a tener en cuenta, desde luego. Tiene pros, sin duda, pero también contras, ya que tendría que ser un acuerdo internacional el que diga qué es explotación y qué no lo es. Y esos gobiernos de países que tienen una parte tan importante de su PIB dependiente de estas “ventajas competitivas” forzarían un acuerdo a la baja, como ha pasado siempre en las reuniones de la OIT. Y, bueno, tampoco es que en Europa tengamos gobiernos muy sensibles a estas cosas, cuando están haciendo una política económica que pretende competir mediante la bajada de salarios.

Hay mucho camino que recorrer, y pienso que los consumidores podríamos atajar bastante si nos hacemos cargo del enorme poder que tenemos, capaz de condicionar la cuenta de resultados de estas empresas. Ya se hizo con las empresas peleteras, que no volvieron a tener los beneficios que tenías después de las campañas de los ecologistas de los años noventa.

Gracias por pasarte por aquí!

mayo 19, 2013 10:00 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Bueno, doctora Antígona, me pregunto si a esos niveles salariales que hay en la industria textil de Bangladesh se puede comprar todos los días un plato de arroz y un camastro… sinceramente, creo que se ha llegado ya a límites de esclavitud, en términos prácticos. Incluso podríamos decir que superados en algunos aspectos, si tenemos en cuenta las condiciones de esclavitud del código romano (ay, no puedo dejar de pensar en esa maravillosa película de Fernán Gómez, Stico, en la que un profesor universitario de derecho romano decide voluntariamente ser esclavo de uno de sus exalumnos porque le compensa con creces).

Es cierto que ese afán competitivo, esa religión capitalista, ajena a cualquier racionalismo, lleva a esas contradicciones. Por eso deberíamos pensar en un sistema que, sin dejar por el momento de tener una estructura de mercado, pensase más en términos de sostenibilidad que en términos de competitividad, y legislara sobre ello, como bien dice usted. Creo que no hay más futuro que ése, y deberíamos pagar mejor a los profesionales de la RSC, ya puestos... Aunque creo que esa idea, como le decía a Molina de Tirso aquí arriba, está bastante lejos de la realidad fáctica, teniendo los gobiernos que tenemos en Europa, a los que su religión les impide la regulación de dichos mercados.

Un beso, doctora Antígona!

mayo 19, 2013 10:01 p. m.  

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