domingo, abril 21, 2013

La ley del deseo



No puedes conseguir siempre todo lo que deseas
Pero si lo intentas, a veces encontrarás
Que tienes lo que necesitas
(You can’t always get what you want, The Rolling Stones, 1969)

El deseo es un movimiento de nuestra actividad psíquica que nos impulsa a alcanzar un objeto que consideramos una fuente de satisfacción. Pero los psicólogos dicen que para que exista deseo deben concurrir tres circunstancias.

En primer lugar, el deseo supone querer algo que no se posee, por lo que siempre se manifiesta como la ausencia, la carencia, la falta de algo.

En segundo lugar, el deseo vive en el mundo del exceso. Siempre se encuentra más allá de la necesidad, siempre se dirige a un mundo de posibilidades que no deja de exceder sus límites y puede ampliarse indefinidamente.

En tercer lugar, el deseo se basa en el conflicto y provoca intranquilidad: un deseo muere cuando alcanza su objetivo. Pero cuando un deseo se cumple, surgen nuevos deseos, y de ahí que los deseos sean una fuente de conflicto –entre lo que tenemos y lo que no tenemos– y de intranquilidad, pues desear algo y no obtenerlo nos lleva a la frustración.

Decía Pascal que sólo somos verdaderamente felices cuando soñamos con la futura felicidad porque estamos condenados a no querer lo que deseábamos en cuanto lo conseguimos. Claro, un deseo alcanzado deja de manifestarse como ausencia, pierde su condición de exceso y, por tanto, se genera el conflicto.

Un deseo satisfecho es un deseo muerto y, por tanto, sólo puede funcionar si ese deseo ya cubierto nos impulsa a desear nuevos objetos más inalcanzables, como un punto de partida para producir un nuevo deseo. La permanencia del estado de deseo nos exige poner en marcha una máquina de producir y matar deseos, desechando aquellos que nos llevan a una vía muerta y quedándonos con aquellos que nos mueven a actuar, que nos ponen constantemente en marcha. Como la zanahoria en la punta de la caña, tales deseos nos permiten avanzar en la línea que nos marca la satisfacción nunca acabada de alcanzar pero siempre a la vista. Por eso mismo los únicos deseos que pueden propiciar un sentido a nuestros actos deben ser de esa clase de deseos que nunca se agotan por ser sus objetos inalcanzables. Ser y no tener, buscar y no encontrar, luchar y no vencer.

Decía José Antonio Marina que la cultura occidental nos presiona para favorecer la insatisfacción y la agresividad por medio de la manipulación de deseos vacíos (de vía muerta). Nuestra forma de vida, la necesidad de incentivar el consumo, la velocidad de las innovaciones tecnológicas, el imperio de un sistema económico que impulsa la falta de autoestima. Todo se basa en una continua incitación al deseo que queda amplificado por la retórica publicitaria. Y para complicar más las cosas, hemos unido la impaciencia a la búsqueda de la satisfacción de nuestros deseos. I want it all and I want it now. Pero la impaciencia, al no respetar el tiempo natural de las cosas altera toda nuestra vida emocional. Quizás Mick Jagger estaba equivocado, y su famosa canción debería decir lo contrario: podemos conseguir todo lo que queramos, pero si lo intentamos alguna vez, descubriremos que no podemos conseguir lo que necesitamos.



Un libro para Mick: Juegos de la edad tardía, de Luis Landero

Una película para Mick: La guía perversa del cine, de Sophie Fiennes

Una canción para Mick: Listen to the lion, de Van Morrison


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13 Comments:

Blogger El peletero dijo...

Ya se sabe, lo peor de un deseo es conseguirlo, lo peor de una pregunta es la respuesta, lo peor del éxito nunca está en el fracaso. No podemos, efectivamente, conseguir todo lo que deseamos, pero sí podemos desear todo lo que no conseguimos porque nunca tenemos lo que necesitamos ya que, simplemente, no sabemos ni lo que tenemos.

Saludos.

abril 23, 2013 1:55 a. m.  
Blogger Diana H. dijo...

Por supuesto, don Lagarto.
Eso de infinitamente inalcanzable es lo que nos pierde...
Por suerte nos salva reconocer, de vez en cuando, lo que tenemos y darnos cuenta de lo mucho que lo necesitamos (aunque nunca resulte tan irresistiblemente atractivo como aquello que creemos imposible...)
Saludos!

abril 23, 2013 3:01 p. m.  
Blogger O SuSo dijo...

El ego se alimenta de insactisfacción, y pide cada vez más, al identificar tener con ser, cada vez quiere tener más...
Tal vez observando ese ego y diluyendo ese deseo, y la identificación del tener con el ser podamos liberarnos de esa zanahoria, caminar de otra manera, relacionarnos con objetos y personas de otras formas...tal vez, porque ese día dejaríamos de desear, y entonces, qué nos movería?


Abrazos

abril 29, 2013 7:21 p. m.  
Blogger Gemmayla dijo...

Los budistas nos animan a matar el Deseo con antídotos como la Paciencia...pero si matamos nuestros deseos nos sentimos como almas en pena, como muertos vivientes..Creo que lo más razonable es sucumbir a aquellos que sabemos que forman parte de nuestra esencia, de nuestra naturaleza..por ejemplo, no sucumbiré al deseo de volar si me dan miedo las alturas, pero sí al de viajar por medios terrestres si lo que anhelo de verdad es conocer lugares nuevos y personas diferentes..

¡Muy Feliz Puente de Mayo cargado de buenos y gratificantes Deseos!

Besotísimo

abril 30, 2013 7:03 p. m.  
Blogger Gemmayla dijo...

upsss, se me olvidaba algo importante !!! la ausencia de Deseo es lo más terrorífico que le puede pasar al ser humano..de ello pueden dar testimonio las personas que sucumben a una grave depresión o las que sufren una tragedia personal...

abril 30, 2013 7:39 p. m.  
Blogger Marga dijo...

Como siempre, ojalá el equilibro: existen deseos que nos empujan y constituyen retos. Existen otros que por absurdos nos entretienen demasiado, al menos para mi gusto, y que no conducen a nada que no sea la insatisfacción.

Y como siempre, nosotros tenderemos al exceso y a lo más dañino, panda de humanos! jeje

Yo es que a Marina le tengo un poco de gato pero a veces acierta, como en este caso.

Besos woalá!

mayo 03, 2013 12:33 p. m.  
Anonymous Diciembre dijo...

En realidad si que tenemos mucho de lo que realmente necesitamos, pero es esa cultura de consumo que nombras, esa falta de autoestima originada y generalizada, lo que nos empuja a esa continua búsqueda de la satisfacción a través de la autogeneración de sucesivos deseos. También es uno de los lastres que heredarán las nuevas generaciones, junto con la falta de tolerancia a la frustración.

Personalmente me parece más factible lograr hacer realidad una ilusión, que un deseo, pues la ilusión es en realidad un deseo en si pero con un argumento concreto y definido, algo viable con más posibilidades de alcanzarse. Un deseo me parece algo más abstracto e impreciso, una especie de placebo. No se explicarme mejor.

Besos

mayo 04, 2013 1:38 a. m.  
Blogger Antígona dijo...

Un poco en esa misma línea de los Stones, dice una canción de los Passenger:

If you can’t get what you love,
you learn to love the things you’ve got.
If you can’t be what you want,
you learn to be the things you’re not.
If you can’t get what you need,
you learn to need the things that stop you dreaming.

Y es que hay que encontrar la manera de frenar esa dialéctica del deseo que sólo conduce a la eterna insatisfacción, sin que ello suponga a la vez la muerte del deseo que, como se ha dicho más arriba, puede dar lugar a la muerte misma del deseo de estar vivo. Porque no podemos vivir sin desear, pero tampoco podemos dejar que nuestros deseos se nos desmanden hasta el punto de condenarnos a la infelicidad. En el equilibrio, como señala Marga, está la clave. Pero, ¿cómo alcanzar ese equilibrio?

Creo que la canción de Passenger apunta al lugar adecuado: dando por sentado que los deseos no pueden agotarse –y malo si lo hacen-, todo estriba en ser capaces de reconducirlos hacia lugares relativamente alcanzables. Y puesto que es inherente al deseo, como plantea muy bien su post, que la satisfacción de un deseo concreto se salde con el surgimiento de un nuevo deseo, tal vez lo saludable fuera albergar deseos que, perteneciendo al plano de lo alcanzable, a la vez no se nos agoten porque se adhieran a la propia dinámica nunca acabada que implica el hecho de estar vivos. Quien desee ser una buena persona, un buen padre/madre o un buen amigo de sus amigos, siempre tendrá renovados motivos para satisfacer sus deseos, dado que éstos se aplican sobre asuntos que representan una tarea nunca agotada y que durará tanto como su propia existencia. Quien desee mantener cierto grado de lucidez sobre la realidad que le rodea nunca dejará de encontrar satisfacciones parciales –ya que la realidad es tan jodida y tan cambiante- que no matarán su deseo y que le mantendrán constantemente inclinado hacia la búsqueda de nuevas satisfacciones parcialmente alcanzables. Y así con tantas y tantas cosas.

Nada que ver, por tanto, con quien desea el iphone 3 y que está llamado a desear el 4, el 5… permaneciendo así esclavo de esa presión cultural que nunca ceja de estimular su voluntad de compra, a la vez que de una capacidad adquisitiva que siempre puede conducirle a la insatisfacción.

Estoy segura de que Marina defendería que el orden de los deseos también puede educarse. Una educación que, probablemente, tendría que estar dirigida a deshacerse de tantos de esos deseos dañinos que sólo se nos inculcan para beneficio de otros.

Aprendamos a necesitar las cosas que pueden frenar nuestros deseos de cosas inalcanzables. La vida es demasiado corta como para desperdiciarla persiguiendo quimeras.

Un beso, doctor Lagarto!

mayo 05, 2013 7:49 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Estoy de acuerdo, Peletero. Saber lo que queremos no es algo habitual. En mi ciudad, está liderando las listas de valoración política el mismo tipo que muestra un menor índice de conocimiento. Vivimos tiempos desencantados, donde es tan fuerte la sensación de lo que no queremos, que las respuestas empiezan a ser lo de menos. Peligrosísimo.

Bueno, Diana, quizás no son cosas incompatibles reconocer lo que tenemos y desear algo más allá de nuestras posibilidades. Quizás, incluso, aquello que tenemos es lo que nos abre el horizonte de nuevos deseos. Saludos!

mayo 05, 2013 8:19 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Suso, desde luego. Pero ese es el camino más rápido hacia la insatisfacción permanente. No envidio a la gente que siente el vacío de esa manera, aunque paseen en yates. Salud!



Ay, Marga, no eres la única que me dice eso de Marina :) La verdad es que el tipo resulta poco atractivo, y a veces incluso demasiado conservador. Pero sí tiene una capacidad de síntesis en la explicación que ayuda a citarlo, mucho más fácilmente que Pascal, por ejemplo. Brindemos por los deseos, todos ;) Besos!

mayo 05, 2013 8:19 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Gemmayla, pero lo que acabamos encontrando es que el deseo de viajar se agota en sí mismo. Su final es un cansancio y vacío previsible al séptimo u octavo aeropuerto, cuando éste se nos hace igual que los anteriores y cuando descubrimos que lo que buscábamos en el viaje no es el viaje en sí, sino algo que se nos ha escapado con la repetición; quizás la novedad, la diferencia, lo que sea.

Pienso que los únicos deseos que no se acaban en sí mismo son los espirituales, lo que nos abren un camino inagotable de búsqueda dentro de nosotros mismos. Otra cosa es que ese camino se pueda emprender también bajo la metáfora del viaje, claro. Algo así.

Besos!

mayo 05, 2013 8:20 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Claro, Diciembre. El mundo consumista es en realidad una trampa para no pararnos a observarnos, a conocernos, a preguntarnos qué es lo que realmente deseamos. Desde el momento que entramos en el círculo del consumo, un producto nos arrastra a otro sin solución de continuidad. Podríamos vivir perfectamente alienados sin salir del centro comercial. Pero, ¿y si nos miramos por dentro?

Creo que hay sitio para el deseo y para la ilusión. Quizás el deseo es algo más primario, más impulsivo y animal, mientras que la ilusión requiere otra elaboración más relajada y detallada. Algo más artesanal de lo que somos más conscientes y nos proporciona más control ¿no? No sé si me explico :)

Besos!

mayo 05, 2013 8:20 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Ah, está muy bien esa canción de Passenger, doctora Antígona. Ese chico suele escribir cosas más serias de lo que habitualmente encontramos en la radio en estos tiempos vacíos. Y el uso que la letra hace del verso tal cual de los Stones “(you) get what you need” me hace pensar que toda la canción fluye de la propia interpretación que hace de la de Jagger. Tampoco es primera vez que Passenger mete un verso de una canción clásica para elaborar sobre ello, por cierto.

No es fácil alcanzar equilibrios. Quizás, el único equilibrio alcanzable sea el de la media de la serie ordenada de nuestros días, como valor medio entre los distintos excesos hacia uno y otro lado. Yo, por ejemplo, no puedo desear nada los domingos por la tarde, me vence siempre una ansiedad extraña. Pero estoy de acuerdo con usted y con Passenger: podemos reconducirnos hacia caminos inagotables. Hacia ser y no tener, de alguna manera. Claro que esto no encaja en el modelo de sociedad del consumo en el que estamos inmersos. Y veo difícil que esta sociedad apueste por una educación de deseos que no alimente la maquinaria de la oferta/demanda.

Trabajemos sueños en lugar de perseguir quimeras, docta Antígona. A pesar de la mala mano que nos ha llegado en las cartas, enderecemos la espalda y trabajemos los sueños.

Un beso, doctora Antígona!

mayo 05, 2013 8:20 p. m.  

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