domingo, noviembre 18, 2012

Sara Dylan, intro y coda



“No es posible estar enamorado y ser sabio al mismo tiempo” (Bob Dylan, en “No direction home”, de Martin Scorsese, 2005)

Tras un turbulento tiempo de triángulo amoroso, Bob Dylan abandonó a Joan Baez para quedarse con Sara Lownds en 1965, relación que terminaría en 1977. O dicho en términos dylanológos, tras “Visions of Johanna” el Maestro escribió “Sad-Eyed Lady of the Lowlands”, que tiene su coda en “Sara” doce años después.

No es posible estar enamorado y ser sabio al mismo tiempo. Por eso de las tres canciones que marcan su historia con Sara Lownds, la que habla del fin, del corazón descerrajado, de la aceptación de la soledad en el fracaso, “Sara”, es la mejor de todas. No se trata del análisis comparativo de las letras, de esas discusiones de psicología freudiana que tanto han trabajado siempre sobre los oscuros versos de Bob. Es el proceso interior, el sistema de intercambio celular que se produce según las palabras y los sonidos van deslizándose del pasado al presente. De cómo logra que yo sienta cosas.

“Sad-Eyed Lady of the Lowlands” es una hermosa canción, desde luego. Surrealista, romántica, inabarcable. Con unas imágenes tan sobrecogedoras como cálidas. La escribió en una habitación del famoso Hotel Chelsea de Nueva York, aporreando la máquina de escribir mientras Sara Lownds pululaba por la suite, arreglaba las sábanas, leía y hablaba por teléfono. Más de once minutos de versos llenos de atributos mágicos en el que cada estrofa termina con una pregunta retórica, “My warehouse eyes, my Arabian drums / Should I leave them by your gate / Or, sad-eyed lady, should I wait?” (mis ojos de almacén, mis tambores árabes / ¿debería dejarlos ante tu puerta, o, señora de ojos tristes, debiera esperar?). Sí, a veces el amor es demasiado barroco en la letra y demasiado tímida en la melodía. Porque no es posible estar enamorado y ser sabio al mismo tiempo.

Con tu boca de mercurio en los tiempos misioneros,
Y tus ojos como humo y tus oraciones como rimas,
Y tu cruz de plata, y tu voz como campanas,
Dime, ¿cuál de ellos piensa que podría encerrarte?
Con tus bolsillos bien protegidos por fin,
Y tus visiones de autobús que colocas sobre la hierba,
Y tu carne como seda, y tu rostro como cristal,
¿Cuál de ellos piensa que podría llevarte consigo?
Señora de ojos tristes de las tierras bajas,
Donde el profeta de ojos tristes dice que ningún hombre llega,
Mis ojos de almacén, mis tambores árabes,
¿Debería dejarlos junto a tu puerta,
O, señora de ojos tristes, debiera esperar?


 



En cambio, “Sara” la escribe en una enorme casa que ella ya ha abandonado, donde los reproches y los arrepentimientos rebotan en las paredes, y el músico trata de buscarse a sí mismo en las dunas de una playa desierta donde unos niños juegan con la arena y las algas abrazan la quilla de un viejo barco abandonado. Aún hay amor en Dylan, pero también plena conciencia de lo que está perdido, con la lucidez fatal de un réquiem por su propia vida. Y esta vez lo resuelve todo en tres minutos intensos de sencillez angustiosa, sin barroquismos en la letra y sin tmidez en la melodía. Y sólo se hace una pregunta a la que esta vez sí escribe respuesta, “How did I meet you ? I don't know” (¿Cómo llegué a conocerte? No lo sé). Porque no se puede estar enamorado y ser sabio al mismo tiempo.

Todavía puedo oír el sonido de las campanas de las iglesias
Tomé el remedio y simplemente aguanté
Permanecí todo un día en el Hotel Chelsea
Escribiendo " Sad-Eyed Lady of the Lowlands " para ti.
Sara, Sara
Adonde quiera que vayamos, nunca estamos separados
Sara, Sara
Bella dama, tan querida por mi corazón.
¿Cómo te conocí? No lo sé
Un mensajero me envió a una tormenta tropical 
Estabas allí en el invierno y la luz de la luna sobre la nieve
Sara, Sara
Escorpión, esfinge en un vestido de percal
Sara, Sara
Deberás perdonar mi indignidad.
Ahora la playa está desierta salvo por algunas algas
Y la quilla de un viejo barco que se encuentra en la orilla
Siempre respondiste cuando necesité tu ayuda
Me diste un mapa y una llave para tu puerta.
Sara, Sara
Ninfa armada con arco y flecha
Sara, Sara
No me dejes nunca, nunca te vayas.


 


Una canción para Sara Lownds: Sara, de Bob Dylan

Una película para Sara Lownds: Renaldo y Clara, de Bob Dylan

Un libro para Sara Lownds: Rolling Thunder, de Sam Shepard



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10 Comments:

Blogger ana dijo...

Probablemente no pueda ser de otra manera: el amor es una entrega insondable. Ahí, en las manos del otro, dejas toda tu inteligencia. Pienso que esa ridiculez en la que a veces quedamos, también nos hace grandes.

noviembre 18, 2012 5:19 p. m.  
Blogger Marga dijo...

Qué bueno! no se puede estar enamorado y ser sabio al mismo tiempo... jajajaja. Tal cual.

Dylan es un tipo oscuro pero de una oscuridad que atrae como pocas. Has oído el último? aún ando habituándome a él... la tempestad no tiene fin en él. Título adecuado.

Me encantó ese documental de Scorsese, se disfruta.

Besos de esta tonta

noviembre 19, 2012 10:30 a. m.  
Blogger pazzos dijo...

He encontrado esta perla del encuentro entre Dylan y Woody Guthrie.

http://youtu.be/E4XfWk1Ct18

El que hace de Woody es: ¡¡¡Kung Fu!!!

noviembre 20, 2012 3:55 p. m.  
Blogger Gemma dijo...

"un réquiem por su propia vida" no me dejes nunca, nunca te vayas...;)

Dylan necesita un exorcismo y quizá la poesía es un buen comienzo pero, es posible ser poeta y ser sabio al mismo tiempo?



Un beso.



noviembre 22, 2012 1:22 a. m.  
Blogger Antígona dijo...

Qué difícil me lo pone usted esta vez, doctor Lagarto. Porque tanto “Visions of Johanna” como “Sad-Eyed Lady of the Lowlands” han figurado siempre entre mis canciones favoritas de Dylan –una lista demasiado extensa, debo reconocerlo, con Dylan es tan complicado elegir-, mientras que “Sara” apenas la había escuchado. Y aunque ahora no puedo dejar de hacerlo, tampoco sé si podría decir que es la mejor de esas tres.

De “Sad-Eyed…” siempre me ha gustado esa melodía amable y cálida que te va envolviendo conforme se desarrolla la canción en toda su extensión. Intuía de la complejidad de la letra, pero nunca me había parado a leer ninguna traducción. En cualquier caso, ¿no cree que ese barroquismo refleja muy bien la fascinación del amor en la fase de descubrimiento del otro, cuando parece que las palabras se nos queden cortas para describir sus virtudes y lo que su presencia nos hace sentir? Frente a ella, en “Sara”, en la letanía de la constante repetición de su nombre, en la letra más sencilla y directa, leo el desgarro de ese corazón descerrajado –qué manera tan gráfica y bonita de describirlo- ante la pérdida y el abandono, el grito en el que invariablemente se convierte la demanda desesperada de permanencia, “no me dejes nunca, nunca me abandones”, que se sabe condenado a la insatisfacción. Ah!, las dos me conmueven profundamente, cada cual a su manera. Quién no se ha visto, a ciertas alturas de la vida, en ambas posiciones.

Sí, quizá sea cierta la incompatibilidad entre sabiduría y enamoramiento que afirma Dylan. Demasiadas son las preguntas que en el enamoramiento satisfecho o insatisfecho emergen que no somos capaces de responder. Demasiadas las cegueras y obnubilaciones en nuestros ojos por causa del brillo que de repente, tanto en su aparición como en la posibilidad de su pérdida, cobra el objeto amado. Pero mientras que en la fase de “Sad-Eyed” renunciamos gustosos a esa sabiduría cuya ausencia se constituye en el precio del bienestar eufórico del enamorado, creo que en la fase de “Sara” preferiríamos antes ser sabios que estar enamorados. El problema es que no se puede decidir entre un estado y otro, si no se puede decidir entre estar enamorado y dejar de estarlo. Así de expuesta es nuestra condición ante el amor, que como un vendaval nos arrebata tanto como nos destroza en el desamor del otro.

Dicen que las mejores canciones de amor surgen de su pérdida y no de su posesión. Pero, la genialidad de Dylan se acomoda perfectamente a cualquiera de esas dos circunstancias. Y, por fortuna para nosotros, en absoluto resulta mermada por la falta de sabiduría que las caracteriza.

Un beso, doctor Lagarto!

diciembre 01, 2012 11:35 a. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Desde luego, Ana. No creo que Dylan identificara “grandeza” con esa sabiduría de la que habla. Y seguro que era más feliz con Sara que escribiendo buenas canciones. Pero los que quedamos fuera de esa relación sólo percibimos una parte, claro. Besos!

Marga, me gusta mucho el último disco, sí. Me gusta que, según se hace más mayor, vuelva a la esencia del blues. Y tiene una buena banda, ya lo creo. Besos!

diciembre 02, 2012 11:07 a. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Juas, Pazzos, qué bueno!! Desde luego, la biografía de Dylan es tan “esponjosa” que no me extrañaría que salieran así algunas canciones. Y el actor está que se sale, ya lo creo. Salud!


Buena pregunta Gemma. Y creo que sí se puede ser poeta y sabio al mismo tiempo, siempre la condición esencial de no ser feliz. Porque todo resultaría demasiado intenso e impotente como para no sufrirlo. Prefiero mi vida normal, desde luego :) Besos!

diciembre 02, 2012 11:08 a. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Bueno, doctora Antígona. Tengo que reconocer que el post estaba un poco forzado, porque nunca diría que las primeras canciones son malas. Pero sí me parece interesante su apreciación acerca de que el barroquismo va implícito a la situación amorosa. Quizás el exceso vitamínico que provoca la sensación de encontrar y empezar un amor se traslada a la forma de escribir, y uno no puede dejar de adjetivar imágenes complejas. No lo sé, pero sí sé que me llega más esa repetición desesperada de un mero nombre de dos sílabas que toda esa figura retórica, mujer de ojos tristes de las tierras bajas.

Decía Derrida que sólo se puede escribir acerca del arte suplementariamente. Es decir, desde un marco, desde un borde que nos permite contornear la cuestión pero no penetrar en la propia obra. Y quizás como espectadores no podemos sentir el amor o el dolor por Sara Dylan, sino sólo rozar la vibración que ella supone en algo que ya nos pertenece a nosotros, y no a la vivencia real que ha creado la obra. En cualquier caso, estoy de acuerdo con usted en que la genialidad de Dylan se acomoda a cualquier circunstancia o fase emocional. Pero creo que el de Minnesota tiene mejores canciones sobre las fases más exultantes del amor, como Love minus zero o I want you.

Un beso, doctora Antígona!

diciembre 02, 2012 11:08 a. m.  
Blogger primaverasetentera78 dijo...

El amor tiene tantos puntos de enfoque, que habria que saber donde estamos posicionados para verlo desde fuera.

enero 15, 2016 5:20 p. m.  
Blogger primaverasetentera78 dijo...

El amor tiene tantos puntos de enfoque, que habria que saber donde estamos posicionados para verlo desde fuera.

enero 15, 2016 5:20 p. m.  

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