domingo, octubre 07, 2012

Un trabajador alemán



17 de noviembre de 1936, frente del Campus universitario, al noroeste de la ciudad de Madrid. Las tropas fascistas desataron una ofensiva total contra las defensas republicanas que, exhaustas, defendían la ciudad con una fuerza con la que los golpistas no contaban. La aviación nazi, aliada del bando sublevado, desata entonces un bombardeo continuado contra las posiciones defensivas de las fuerzas leales a la República.

Una de las bombas alemanas cayó de lleno en la trinchera que se encontraba enfrente de la boca de metro de Moncloa. Los milicianos que allí se encontraban quedaron paralizados por el pánico. Escucharon el ruido sordo del metal chocando contra el suelo terroso de la trinchera, vieron el obús a sus pies, sintieron el horror de la conciencia inmediata de la muerte, del adiós, del fin, de la nada. Pero la bomba no explotó.

Horas después, cuando las tropas fascistas habían sido ya rechazadas, un sargento abrió la bomba. Dentro encontró una nota escrita en un mal castellano: “compañeros, las bombas que yo armo no explotan. Firmado: un trabajador alemán”.

Por lo visto no fue un fenómeno aislado. El hispanista Paul Preston describe abundante documentación oficial del bando rebelde en el que milicianos que cambiaban de bando declaraban la existencia de numerosos casos de obuses que no explotaron en el frente y que contenían mensajes de ánimo y solidaridad con la causa republicana. Es fascinante poder ver a través de estos documentos una muestra de la solidaridad de los trabajadores, de una u otra nación. Aquello pasó en una batalla hace 75 años, pero la guerra aún no ha terminado y seguimos necesitando a los trabajadores alemanes.


 

Una película para el trabajador anónimo alemán: Madrid, de Basilio Martín Patino

Un libro para el trabajador anónimo alemán: El corazón helado, de Almudena Grandes

Una canción para el trabajador anónimo alemán: Spanish bombs, de The Clash

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14 Comments:

Anonymous Anónimo dijo...

Pues no se por qué pero esta historia me ha puesto una sonrisa en la cara y un optimismo en la actitud.
You just made my day :-)

octubre 07, 2012 12:28 p. m.  
Blogger Rafa. Uno de los dos dijo...

¡OH! Me ha encantado esta entrada, por la narración que desemboca en la sorpresa que desconocía, por la esperanza que provoca animando en una causa que al igual que en la terrible guerra civil, todo parece perdido pero hay abierta una puerta a momentos de solidaridad; por el ingenio de solicitar al trabajador alemán como representación-idealización de ayuda desinteresada, y más al tratarse de alguien a quien teóricamente no se podía esperar nada.

octubre 07, 2012 8:42 p. m.  
Blogger moderato_Dos_josef dijo...

Un hecho sin duda emocionante. ¿Por qué no gnaron la guerra los republicanos? La culpa habrá que encontrarla en los americanos e ingleses a ellos les debemos una dictadura de cuarenta años.

Saludos.

octubre 07, 2012 9:04 p. m.  
Blogger Gemma dijo...

Me ha parecido muy interesante y sobrecogedor este post Nosurrender y muy emotivas las palabras tan sentidas de Neruda. Me he emocionado muchísimo. Parece ser que estos mensajes de ánimo habían pasado desapercibidos para los historiadores que los consideraban producto de la propaganda republicana o de la invención de los autores, leo que incluso Santiago Carrillo no dudó en afirmar que "todo este tipo de historias sólo podían ser producto de bulos y leyendas urbanas ya que nadie se atrevería a poner en riesgo su vida escribiendo mensajes de este tipo en obuses que fácilmente se pudieran ver". Pues por lo visto el mensaje del trabajador alemán figura en uno de los párrafos de un libro de Arturo Barea, también escribieron sobre estos sucesos Zamacois y Palma.

Entre los papeles destaca uno que se hizo llegar al general Franco con el testimonio de un miliciano que cambió voluntariamente de bando y se pasó a los rebeldes. El declarante detalla textualmente que en la retaguardia del sector de Pozuelo (Madrid) hallaron varios proyectiles sin explotar y que uno le llamó la atención porque tenía un cartón blanco en el sitio de la espoleta. En él pudieron leer por un lado ‘Sorpresa’, y por el otro ‘Compañeros, de los proyectiles que saldrán de este cañón, no temáis que no explotará ninguno. Soy de los vuestros. U.H.P’. (Uníos Hermanos Proletarios). En el mismo documento se intuye la preocupación del propio Franco por este hecho, ya que en la parte final del texto se puede leer: «En su vista, S.E. El Generalísimo ha dispuesto que se vigile a los artificieros para evitar casos como el presente».

En fin, desde luego estos correos llegaban de forma preferente al bando enemigo...

Gracias por contarnos estas cosas tan interesantes que como ves me han llevado a indagar más.

Besos

octubre 07, 2012 10:22 p. m.  
Blogger Food and Drugs dijo...

Gran historia la que nos cuentas, pero lo que sí que no entiendo, es como alguien que fuera republicano y hubiera leido estos mensajes podría ser tan insensible y rastrero como para cambiarse de bando.
Porque el obrero que montaba la bomba no firmaría con su nombre pero también se la jugaba pues es seguro que se harían muestreos de las bombas fabricadas, y por los números de serie se podría llegar al autor de los sabotajes.
En fin, que las buenas y heroicas acciones de unos pocos siempre se ven compensadas, y sobrepasadas con creces, por las ruines y cobardes de la mayoría.
Saludos, Lagarto.

octubre 08, 2012 7:30 p. m.  
Blogger O SuSo dijo...

Las personas son las que le ponen un lado humano a todo, incluso a las guerras.

Cuanta más consciencia tengamos d lo que hacemos y a quién le afectan nuestros actos es todo un avance.

Saludos Dr Lagarto.

octubre 09, 2012 12:45 p. m.  
Blogger Antígona dijo...

Qué fantástica historia, doctor Lagarto, ¡se me han puesto todos los pelos de punta! Y como han señalado otros comentaristas, admirable el valor de esos hombres que se jugaron la vida por ayudar a quienes ni tan siquiera conocían, conmovedor hasta la médula ese espíritu solidario en la distancia por defender unas ideas comunes, por intentar hacer algo para que la realidad no se alejara tanto de ellas.

Pero también resulta triste pensar que de poco sirvieron esas ganas de contribuir a la causa republicana. Y encima, que de los lodos de aquella derrota, estos barros que a día de hoy cada vez nos recuerdan con mayor claridad de dónde venimos y que, por muchos años que hayan pasado, las mismas fuerzas que entonces triunfaron asoman ahora como lobos debajo de sus pieles de cordero para aplastar sin compasión todo lo que en este país se hizo para dar algún paso adelante.

Más que nunca nos hace hoy falta, de nuevo, esa solidaridad entre trabajadores a la que apela al final del post. Escuchaba esta mañana en la radio a una corresponsal alemana que trabaja aquí en España. Le preguntaban por cómo nos ven los alemanes a los españoles y hablaba de cada vez más radicales que nos consideran una panda de vagos merecedores de cualquier desgracia que nos ocurra. Radicales alimentados en buena medida por los medios de comunicación que, a la hora de dar las noticias sobre los acontecimientos que aquí y en otros países en crisis tienen lugar, nos designan, como quien no quiere la cosa, como “los países del sur”, “los países que gastaron demasiado”, “los países que derrocharon”. Trabajadores que empiezan a odiar a España y a Grecia porque sus políticos les inculcan día a día la creencia de que sólo nosotros somos los culpables de sus bajos salarios, de un nivel de desempleo del 13% en Berlín, de los millones de alemanes que viven con los 400 euros de los minijobs. Políticos a los que les viene que ni pintado ponernos como ejemplo para que así, los alemanes, con toda su precariedad, sigan pensando: “vaya, en comparación, a nosotros nos va muy bien”, y así no se paren a pensar de dónde provienen realmente los problemas que padecen.

Ojalá esos trabajadores acaben abriendo los ojos y dándose cuenta de que tanto ellos como nosotros somos víctimas de un mismo mal. De que, a la postre, seguimos hermanados en esa condición de víctimas de un poder que trasciende toda nacionalidad, y cuyo máximo interés es permanecer enmascarado mientras nos enfrentamos unos a otros.

Proletarios del mundo, ¡uníos!, dijeron Marx y Engels en su Manifiesto Comunista. Hora sería ya de empezar a tomarnos en serio una consigna que nada tiene de caduca.

Un beso, doctor Lagarto!

octubre 13, 2012 12:53 p. m.  
Blogger PSYCOMORO dijo...

Preciosa, intensa historia de esperanza en el ahogo del impacto. Incluso cuando todo parece acabarse, sobrevive la intensidad de los héroes, la claridad de aquella gente que va a limitarse a dejarse pasar. Emocionante, Lagaro. Gracias.

octubre 19, 2012 7:21 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Gracias, Anónimo. De eso se trataba en medio de todo este horror. Pensemos que aquello fue cierto, vayámonos hoy a dormir con algo bueno. Salud!



Rafa, existe la solidaridad. O existió. No hay salida sin fraternidad, aunque la veamos tan ajena al mundo que estamos construyendo estos días. Salud!

octubre 21, 2012 12:29 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Bueno, Josef, hay mucha literatura experta que pretende dar respuesta a esa pregunta. Quizás se pudo hacer algo antes de que empezara, sin duda. Pero ya metidos en ella, los republicanos la perdieron porque no contaron con la ayuda internacional con la que sí contaron los fascistas.

Negrín estaba obsesionado con aguantar como fuera el ataque del enemigo porque estaba convencido de que la Europa democrática acabaría entrando en guerra contra Hitler y eso obligaría a los británicos y los franceses a aliarse con la República. Negrín fue muy denostado por ello y acabó produciéndose un golpe de estado en Madrid con el objetivo de rendirse al enemigo y acabar con sus matanzas. Le faltaron cinco meses a Negrín para hacer valer su teoría.

Salud!

octubre 21, 2012 12:29 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Gemma, la historia la contó Barea, sí (también se menciona en El corazón helado, de Almudena Grandes, novela que recomiendo a todo el mundo y que me emocionó al ver tantas veces retratada a mi familia). Pero Preston ha encontrado, al fin, la prueba de que aquello fue cierto en los informes de los que se pasaron al bando enemigo, como bien dices.

La historia la he situado yo en las trincheras de Moncloa y no en Pozuelo porque me resulta mucho más cercana esa boca de metro que he pateado tantas veces.

Gracias y besos!

octubre 21, 2012 12:29 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Food & Drugs, no había pensado en lo que dices y me ha hecho reflexionar. Quizás aprendemos a insensibilizarnos, a no querer comprender. La supervivencia tiene más de cobarde que de héroe. Los héroes mueren para que vivan los cobardes, como nos decían en la obra de teatro que vi anoche y que recomendaré por aquí algún día. Salud!




Suso, tienes razón. Estamos en el mundo por accidente, pero a partir de ahí decidimos quiénes somos y qué sentido le daremos a nuestro efímero paso. Salud!

octubre 21, 2012 12:30 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Claro, Doctora Antígona, todos tenemos nuestro papel en todas las guerras, algo pequeño o grande por hacer. Podemos intervenir, claro que sí. Incluso aquí mismo, sólo comentando podemos mover el mundo porque la realidad también somos nosotros, aquí y ahora.

Los tiempos son muy duros y parece que vuelven a ganar los mismos. O, mejor dicho, vuelven a perder los mismos. Y como entonces, necesitamos la solidaridad del trabajador alemán, que tiene elecciones en su país a mediados de 2013 y tendrá que decidir cuál será nuestro futuro; el de los trabajadores del sur de Europa, el de los trabajadores de todo el mundo, el suyo propio, ¿alguien apostará por llevar este debate al Bundestag?, ¿serán algunos obreros alemanes como lo fueron en 1937?, ¿comprenderán que ésta no es una lucha de naciones, sino de trabajadores contra oligarquías, cuando ni siquiera en España somos capaces de ponernos de acuerdo en esto? Perdimos todos los trabajadores en aquellos años de plomo, y seguimos perdiendo hoy en día.

Besos, doctora Antígona!

octubre 21, 2012 12:30 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Psycomoro, gracias por tus palabras. Imagino que aquel trabajador alemán fue pillado en su sabotaje por los burócratas nazis de Albert Speer, y que sería enviado a Auschwitz donde su vida acabaría en condiciones infrahumanas. Porque los héroes mueren para que vivan los cobardes.

Salud!

octubre 21, 2012 12:30 p. m.  

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