The light on your door
“No olvidemos lo que fue nuestra vida durante el tiempo en que estuvimos internados, bajamos todos los escalones de la indignidad, todos, hasta la abyección, y, aunque de manera diferente, podría ocurrir lo mismo aquí, entonces teníamos la disculpa de la abyección de los de fuera, ahora no, ahora somos todos iguales ante el mal y el bien, por favor, no me preguntéis qué es el bien y qué es el mal, lo sabíamos cada vez que actuábamos en el tiempo en el que la ceguera era una excepción, lo cierto y lo equivocado son sólo modos diferentes de entender nuestra relación con los demás, no la que tenemos con nosotros mismos, en ésa no hay que confiar, y perdonadme el sermón, es que no sabéis, no podéis saber, lo que es tener ojos en un mundo de ciegos, no soy reina, no, soy simplemente la que ha nacido para ver el horror, vosotros lo sentís, yo lo siento y, además, lo veo, y, ahora, punto final, se acabó el sermón, vamos a comer.”
Ensayo sobre la ceguera, José Saramago.
Ensayo sobre la ceguera es una alegoría de la condición humana. De la ceguera colectiva de los seres humanos. Del egoísmo erróneo de la inútil supervivencia. De la falta de objetividad como síntoma de la falta de inteligencia. De lo difícil que nos resulta vernos a nosotros mismos y de la necesidad de que otro lo haga por nosotros.
Saramago nos habla de una ciudad en la que, de pronto, todos sus individuos se han quedado ciegos. Y en medio de toda la pandemia de ceguera, una sola persona está condenada a ver, a ser consciente de la miseria humana más allá de lo que ningún otro ser humano puede conocer. La lucidez del entendimiento, el horror de saber.
Si la maldad y el miedo son expresiones de la ceguera, como dice Saramago, el amor y la confianza lo serán de la luz. Creo que algo así es lo que el oscuro Lou Reed quería contarnos con su canción I’ll be your mirror -para mí, una de las mejores de su carrera-.
I’ll be your mirror habla de la luz interior que nos devuelve la conciencia del bien, indisociable de reconocernos a nosotros mismos, como dice ese texto de Saramago. Y, a veces, es tan difícil mirarnos que necesitamos que otro lo haga por nosotros. Nuestro espejo, la luz que se proyecta bajo la puerta para demostrarnos que estamos en casa.
Las letras de Lou Reed son el espejo de la decadencia emocional de Occidente. Nunca he sabido por qué a Lou Reed se le considera un adelantado del punk. Es cierto que la apología que hacía de las drogas, su ambigua sexualidad y el asumir públicamente que había sido tratado con electroshock, pueden hacer de él un símbolo antisistema. Pero lo cierto es que se trata de un poeta muy clásico y muy asentado en los ambientes culturales e intelectuales neoyorquinos de su época.
Escuchándole maravillado, ni siquiera pienso que Lou Reed tuviera interés alguno en ser una estrella de rock. Sus arreglos son voluntariamente desnudos, salvo algún flirteo esporádico con la psicodelia. Para él, la música es un decorado para sus reflexiones. Discreto, conceptual y experimental. Muy en la línea de Saramago.
Yo seré tu espejo
Reflejaré lo que realmente eres, en caso de que no lo sepas
Yo seré el viento, la lluvia y el ocaso
La luz en tu puerta para mostrarte que estás en casa
Cuando pienses que la noche ha tomado tu mente
Y en algún lugar profundo dentro de ti te sientas cruel y retorcido
Déjame estar para mostrarte que estás ciego
Y ahora baja las manos, por favor, porque te veo
Me resulta tan difícil creer que no sepas
La belleza que hay en ti
Pero si es cierto que no lo sabes, déjame ser tus ojos
La mano en la oscuridad que debe protegerte del miedo
Cuando pienses que la noche ha tomado tu mente
Y en algún lugar profundo dentro de ti te sientas cruel y retorcido
Déjame estar para mostrarte que estás ciego
Y ahora baja las manos, por favor, porque te veo
Yo seré tu espejo, seré tu espejo, seré tu espejo
Una película con espejos: la dama de Shangai, de Orson Welles
Una canción con espejos: The celebration of the lizard, de The Doors
Un libro con espejos: Alicia a través del espejo, de Lewis Carroll
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