domingo, abril 01, 2012

El desierto de lo real


En los tiempos de la Alemania del Este, un hombre fue enviado a Siberia y, sabiendo que la Stasi espiaría toda su correspondencia, pactó un código con su familia: en las cartas que les mandaría, escribiría en azul las cosas que fuesen verdad y en rojo todo lo fuese mentira. Al cabo de un tiempo, su familia recibió la primera carta, escrita íntegramente en azul: “Aquí todo es maravilloso. En el trabajo nos tratan con respeto, podemos ver películas extranjeras y leer todos los libros que pidamos. Las tiendas están a rebosar. Aquí se puede encontrar de todo, lo único que no he podido encontrar es tinta roja”.

Es curioso. A pesar de que al prisionero le faltaba el instrumento para señalar lo que era mentira (tinta roja), consigue comunicarlo a su familia con la herramienta que no está preparada para señalarlo (tinta azul).

Este chiste lo utiliza el filósofo Zizek en su libro “Bienvenidos al desierto de lo real” para explicar que en nuestra vida diaria tenemos un lenguaje perfectamente válido para expresar nuestra libertad (“me gusta esto”, “voy a comprar aquello”), pero carecemos de un lenguaje que nos permita expresar nuestra no-libertad. Y que, por tanto, nos creemos libres simplemente porque no sabemos expresar la no-libertad. Porque no tenemos tinta roja.

Como en la película de Matrix (de donde Zizek toma la frase que da título al libro), llega a ser imposible darnos cuenta de todo lo que nos limita y actúa por nosotros. Hoy es posible implantar un chip en un ratón y teledirigirlo. Obviamente, pronto será posible hacer lo mismo con un ser humano. ¿Cómo experimentaríamos ese control remoto?, ¿creeríamos ser nosotros mismos el emisor de las órdenes, sintiéndonos completamente libres?, ¿cuántas veces hacemos algo porque “hay que hacerlo”?

Siempre hemos admitido la idea de que las personas solemos usar máscaras, que muchas veces mostramos una cara que no es la nuestra. Una máscara que usamos para proteger nuestro auténtico rostro ante los compañeros de trabajo, ante la familia, ante quien sea. Esa máscara que oculta ese rostro, ese “yo” que nos dirige libremente y elige la máscara a poner. Pero, ¿estamos seguros de que, si nos quitamos esa máscara, el rostro que mostraríamos sería realmente el nuestro?, ¿o éste sería otra máscara también que oculta una tercera cara que ya sí sería la nuestra verdadera?, ¿y si detrás de todas las máscaras, no hay nada, sino sólo el desierto de lo real?. O dicho de otra manera, ¿qué queremos decir cuando le recomendamos a un amigo eso de “lo importante es ser tú mismo”?

Todo esto viene a que llevo unos días que no se me va de la cabeza una escena de Breaking Bad en la que el protagonista, Walter, canta una vieja canción de principios de los setenta, Horse with no name, mientras conduce su coche por el desierto con un coche de la policía detrás que está a punto de darle el alto.

He estado atravesando el desierto sobre un caballo sin nombre Sienta tan bien la ausencia de lluvia En el desierto puedes recordar tu nombre porque no hay nadie que pueda hacerte daño.







Una canción para llevarse al desierto: Horse with no name, de America

Una película para llevarse al desierto: Lawrence de Arabia, de David Lean

Un libro para llevarse al desierto: 2666, de Roberto Bolaño



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24 Comments:

Anonymous carrascus dijo...

Pues si yo me tuviese que ir al desierto, en lugar del tocho de Bolaño me llevaría este otro libro: http://www.planetalector.com/libro/248/tontorron-quien-llegue-el-ultimo-stilton-23/ jejejeje...

abril 01, 2012 3:22 p. m.  
Blogger Marga dijo...

Pues sí, el problema es que la tinta roja somos nosotros mismos quienes la escatimamos. Y para colmo a veces la confundimos con la azul.

Por eso debe ser que siempre me escamaron aquellas tendencias que te llevaban a conocerte a ti mismo. Qué aburrimiento, no? y que forma de no ocuparte de nada más...

Buena serie, sí señor!

Besos con boli bic de cuatro colores!

abril 02, 2012 10:49 a. m.  
Blogger Zorro de Segovia dijo...

está claro que la Stasi tenía claro a quién encarcelar: tenían miedo de la gente inteligente

abril 02, 2012 11:38 p. m.  
Anonymous satenight dijo...

Realmente inteligente la anecdota o chiste que utiliza Zizek, espectacular! Dicen que ese YO que vive dentro de nosotros y que no nos es propio usa el lenguaje para subyugarnos a él sin que nos demos ni cuenta. El peor enemigo de uno mismo está donde pisan nuestros pies.
Quien mueve tu lengua cuando tú hablas? Preguntaba Buddha.

Es muy dificil detectar todas nuestras máscaras inconscientes y quien sabe qué encontraríamos una vez quitadas todas ellas, cómo somos realmente? es un ejercicio que hay que atreverse a hacer.
Buena Semana a todos!

abril 04, 2012 9:30 p. m.  
Blogger Gemmayla dijo...

NoS., siempre me ha impresionado mucho lo que ha conseguido en sus propósitos de represión, el sistema policial norteamericano, pertrechado de argucias maquiavélicas y de lo más retorcidas, con una simple estrategia que tal vez se fraguó por una simple cuestión económica: los agentes de policía patrullan solos. Esto es a todas luces una barbaridad sin sentido, que en nuestro país nunca consentiremos que suceda - espero -, aunque políticos sin escrúpulos lo han intentado. El agente de policía solitario es un tipo desprotegido, aunque económico porque mejor pagar el sueldo de uno que de dos. El miedo del policía como ser humano indefenso ante el posible criminal hay que paliarlo al precio que sea y la manera de paliarlo o eliminarlo del todo es pertrecharlo de cuantos artilugios defensivos y ofensivos se puedan idear.
Aquí en nuestro país, dos agentes se habrían limitado como mucho a registrar a Walter, identificarle y pedir antecedentes. La detención sólo en caso de requisitoria delictiva. Y el chisme éste de descargas eléctricas, El Táser, debiera ser prohibido ya en todos los países del mundo, como
elemento disuasorio policial.
Las policías de países auténticamente democráticos son bien diferentes de las de yanquilandia.

Feliz descanso de Semana Santa

abril 05, 2012 7:36 p. m.  
Blogger Sergio García-Risco Hijosa dijo...

Este comentario ha sido eliminado por el autor.

abril 06, 2012 12:35 a. m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Leyendo esta entrada me he acordado del estupendo Máscaras y paradojas de Pessoa y de aquel libro de Racionero -por lo demás prescindible- La cárcel del rostro. La lista continúa con Borges y los espejos o la anécdota de cuando Cortázar -quizás fuera el propio Borges- vislumbra el concepto de infinito en el dibujo de una lata de conservas que se repite ad nauseam en un juego diabólico de espejos.
Felicidades por el blog.

abril 06, 2012 12:36 a. m.  
Blogger O SuSo dijo...

Realmente me emociona, Dr Lagarto, ha conectado plenamente con mis últimas reflexiones, aunque yo les llame personaje y Ud mascaras, pero la misma cosa es...
claro que se hace complicado, porque no es una única mascara, tenemos una para cada ocasión, entonces existe una esencia? Mi sensación es que si, cuando observas ese sin fin de mascaras, cuando las aceptas como parte de un yo, pero no el todo, y te aceptas a ti mismo como ese todo de mascaras, esencia, emociones, espiritu, ideas y cuerpo, y de pronto sientes la vida, pero la única que hay, la presente. Vives sin dejar que las decisiones las tomen esas máscaras, sintiéndolas en el interior...

Los chip de control nos los han puesto hace mucho, desde que el hombre es hombre, se llaman: miedo, apego, control, yo, límites...

Muy buena entrada, como siempre, me estimula.

Un abrazo

abril 08, 2012 11:02 a. m.  
Blogger Antígona dijo...

A mí me parece, doctor Lagarto, que son muchas las cosas para las que no tenemos tinta roja y tenemos que conformarnos con la tinta azul para señalarlas, para señalar la carencia de la tinta roja que las exprese. Siendo el lenguaje lo que nos abre el mundo, no es, sin embargo, omnipotente. Todos tenemos experiencia de lo que es quedarnos sin palabras porque ante determinadas emociones, ante determinadas sensaciones, sentimos que ninguna de ellas es capaz de expresarlas. Y tampoco hace falta remitirse a momentos específicos de inefabilidad: ¿cómo explicar a alguien que jamás ha escuchado un instrumento de viento a qué suena un saxofón? ¿cómo explicar a un ciego qué son los colores? Esas herramientas para comprender lo que nos rodea que son las palabras se quedan indudablemente cortas ante la evidencia sensible que desvela el conocimiento de los sonidos y de los colores y que resulta irreemplazable por aquéllas.

Ahora bien, supongo que si, como dice Zizek, nuestro lenguaje es un lenguaje de la libertad, es porque nos concebimos como seres esencialmente libres más allá del reconocimiento de todos aquellos condicionantes que nos limitan. Todo nuestro sistema penal se edifica sobre ese supuesto -¿cómo castigar si no ha delinquido si su elección no ha sido libre?-, pero también la educación –castigamos al niño confiando en que podría haber actuado de otra manera, pero ha elegido mal- y tantos y tantos aspectos de nuestra relación con los otros y con nosotros mismos. El debate sobre si esa conciencia de nuestra propia libertad es certera o una pura ilusión producto de nuestra imposibilidad de acceder a aquello que dirige verdaderamente nuestros actos es tan antiguo como la propia reflexión sobre el hombre y ha resurgido en la actualidad, como supongo que ya sabe, en el ámbito de las neurociencias. Pero a mi juicio ese resurgir no es más que el resultado de la también vieja pretensión de la ciencia de querer explicarlo todo desde sus propios parámetros y a fuerza de reducir cualquier cosa al tipo de realidades de las que puede ocuparse. La conciencia no entra dentro de esas realidades (inmaterial, no ocupa un lugar en el espacio, no se puede someter al cálculo ni la medición), ni tampoco la conciencia que tenemos de actuar como seres libres. Pero sí entra el cerebro que acompaña a toda conciencia, y en el cerebro no hay más que neuronas conectadas entre sí que en principio, y en tanto que materia, deberían comportarse conforme a las mismas leyes necesarias (y por tanto no libres) que rigen en general el comportamiento de la materia. Y de ahí a postular que todo nuestro comportamiento “tiene que” poder explicarse a partir de las operaciones del cerebro como órgano que crearía el espejismo de la libertad sin poder realmente actuar de forma libre no hay más que un paso.

Supongo que cuando le decimos a un amigo que sea él mismo lo que queremos decirle es que no se esconda tras sus máscaras. Pero si lo decimos es porque percibimos claramente su incomodidad con la máscara que lleva puesta, con el papel que se ha otorgado o se ha propuesto representar para cubrir o responder adecuadamente a determinadas expectativas. Percibimos entonces detrás de la máscara un yo que no se está comportando como desearía. Y quizá el orden del deseo sea aquello que más escapa a nuestra conciencia de libertad, en la medida en que no sabemos de dónde vienen y sentimos más bien que se nos imponen como una fuerza ajena a nosotros. Pero le estamos diciendo que persiga sus deseos porque creemos que puede optar por apostar por su realización o por no hacerlo. ¿Nos equivocamos con esta creencia? Yo intuyo que no. Y, en cualquier caso, me resulta aceptar que todo nuestro lenguaje se haya construido sobre un error que, además, no parece admitir corrección alguna porque exigiría una transformación absoluta no sólo de nuestra manera de entendernos y entender a los otros, sino de la manera de entenderse y entender a los otros de toda la humanidad conocida.

Estupenda canción y estupenda serie. Tiene usted buen gusto, doctor Lagarto.

Un beso!

abril 08, 2012 5:37 p. m.  
Blogger isis de la noche dijo...

La canción dice: "después de dos días.. después de tres días.." ¿Qué pasa después de TODA UNA VIDA en una realidad impuesta, que no es real, que tampoco deja saber lo que sí lo es? Eso que usted bien dice: máscara, tras máscara, tras máscara.

El 'uno mismo' entonces no es ni siquiera 'uno'. Es una identidad caleidoscópica, formada por miles de fragmentos a los que hay que dar unidad para desentrañar la figura forman.

Pero tras todos esos fragmentos debe yacer la unidad que los trasciende. Llegar a ese 'sí mismo' no es tarea fácil a no ser que estemos dispuestos a perdernos a nosotros mismos en el camino.. unas cuantas veces..

Llega un punto en que ya nadie dice lo que dice. Es lo que está 'entre líneas' el discurso real. Tal vez esto haya servido para entrenarnos en la destreza de acceder a los 'subtextos' tras el mero discurso, ¿pero no sería todo más fácil si todos fueran simplemente quienes son y dijeran simplemente lo que quieren decir?

Vaya si tenemos que usar una máscara que revele nuestra verdadera identidad, haciendo creer al mundo que es una máscara más...

Eso sí es ironía de la buena..

besos!

abril 08, 2012 8:08 p. m.  
Blogger PSYCOMORO dijo...

Muy interesante el tema de la expresión de la no-libertad, casi sustancial al del ejercicio de la libertad. Lagarto, siempre tienes la habilidad de desalojar mi mente de idas y venidas, concentrarla en una suerte de ironía explosiva que construye el significado de muchas cosas que no nos paramos a observar. Tus referencias son inmejorables; Braking Bad, 2666, Lawrence de Arabia... todos, puros ejercicios de no-libertad de brillante tinta azul. Es una suerte tenerte por aqui. Un abrazo.

abril 09, 2012 10:19 p. m.  
Anonymous Rafa, de uno de los dos dijo...

mi pregunta sería, ¿cuando uno se comporta como se supone se tiene que comportar, esto es, sin ningún tipo de artificios o engaños?, ¿Cuando siente miedo o llora, o padece alguna emoción, digamos que negativa? Pienso que lo de las máscaras o no, son convenciones inevitables que nos ayudan a vivir, ahora y siempre

abril 12, 2012 12:22 a. m.  
Blogger egolastra dijo...

El verdadero YO no existe.
Todas nuestras máscaras son rojas.
Somos sinestésicos en una Siberia a oscuras donde no se transmite el sonido.

Muy buen post Lagarto, saludos.

abril 13, 2012 8:58 p. m.  
Blogger Diego dijo...

por azar llegué a este blog y creo que lo fatigaré hasta la extenuación...
un abrazo

abril 18, 2012 10:38 p. m.  
Blogger Food and Drugs dijo...

Yo opino, que para eso comento en su blog amigo Lagarto, que todas esas máscaras de las que hablas son, si me apuras, tan reales como el careto desnudo que pretenden cubrir o proteger. Todas esas máscaras son como nuestra ropa, y aún cuando no nos queda más remedio que ponérnoslas y han de ser más o menos abrigosas o despendoladas, sobrías o coloridas, en función de la climatología exterior, en cierto modo, en un pequeño porcentaje, también han sido elegidas a nuestro gusto y guiándonos por nuestra propia idea de lo que nos queda bien y lo que no.
No son nosotros propiamente, tal vez, pero son nuestras y de alguna manera también reflejan nuestra forma de ser más abstracta.
Un saludo.
;-)

abril 19, 2012 7:02 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Muy bueno, Carrascus :) pega bastante, sí. De todas maneras, pensé en el tocho de Bolaño porque el desierto de Sonera es el escenario de todos los enlaces de los cinco libros. Me alegra verte por aquí!


En eso tienes razón, Marga. Hay tintas difíciles de distinguir. Digamos que incluso hay toda una industria de tintas confusas con una demanda creciente. Besos!

abril 22, 2012 8:59 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Zorro, el miedo a los que piensan es patrimonio de todos los gobiernos, me temo. La ignorancia es más fácil de controlar. Salud!


Satenight, Buda planteaba una pregunta muy inteligente, desde luego. Es tan difícil saber que controlamos y que no controlamos entre lo que creemos decisiones libres…

abril 22, 2012 8:59 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Gemmayla, es que el miedo es un factor muy poderoso. Y cuanto más miedo tenga la sociedad, más represión habrá sobre la amenaza de lo diferente. El miedo es un gran negocio. Mi semana santa ha sido terrible: trabajo diario desde las nueve de la mañana a las diez de la noche. De aquí a junio tenemos mucho que hacer. Besos!


Anónimo, gracias por tus palabras. Pessoa es muy bienvenido siempre en este blog, hace tiempo que no asoma y te gradezco que le traigas. Hay que tener mucho valor literario para buscarse en lo que sabemos que no somos. Gracias por pasarte por aquí!

abril 22, 2012 9:00 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

O Suso, esa es la terrible pregunta que tiene que asomar ineludiblemente si somos sinceros con nuestras máscaras, ¿existe esa esencia?, ¿y si nuestra propia conciencia no es más que un engaño de libertad, pero en realidad hay algo que decide antes por nosotros, y nuestro papel se limita a explicarlo como libre con artimañas?

Hay un experimento muy famoso (el experimento de Libet) que concluye que nuestro cuerpo actúa antes de que nuestra conciencia le diga que actúe. Es muy interesante, estuve a punto de traerlo aquí, pero me lo guardo para otro post :)

Un abrazo

abril 22, 2012 9:00 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Doctora Antígona, pero si renunciamos al lenguaje por falso, ¿qué nos queda? Quizás la música pueda en ocasiones superar esa barrera, pero tampoco es omnipotente.

En cuanto a la libertad, quizás no seamos realmente libres del todo, pero sí podemos “educarnos”. Adiestrar comportamientos y conexiones neuronales, utilizar nuestras neuronas espejo, relacionar recuerdos, etc. que nos permitan ser socialmente más aptos, y por tanto castigar a quien no lo aprenda. Quizás la “justicia y la libertad” como idea de la comunidad pueda limitarse en algunos casos a esto, y poco más.

Un beso!

abril 22, 2012 9:00 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Isis, es posible que haya algo real detrás de todas las máscaras, desde luego. Pero, si existe, estoy seguro de que no se parece nada a lo que realmente creemos ser. Estamos demasiado poseídos por el entorno y por el mismísimo lenguaje, que condiciona el pensamiento. En cualquier caso, seguiremos buscándonos :) Besos!


Psycomoro, es que Zizek inspira mucho :) Me alegra de compartir las experiencias con Breaking Bad, Lawrence y Bolaño. Salud!

abril 22, 2012 9:01 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Rafa, es muy difícil contestar a esa pregunta. En mi caso particular, me he sentido por encima de cualquier artificio o engaño tocando música. Es donde se encuentran las emociones más puras y menos prostituidas por “la tinta azul”. Salud!


Egolastra, no deja de tener gracia que la afirmación del YO no existe la comparta alguien con ese Nick de guerra :) Siberia tiene que tener un atractivo atávico especial. Me gustaría conocerla… en otras circunstancias. Salud!

abril 22, 2012 9:01 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Gracias por tus palabras, Diego. Espero que disfrutes la estancia y que pases más a menudo. Un saludo!

Food & Drugs, ¡qué interesante lo que has planteado! Efectivamente, nosotros elegimos las máscaras, así que nuestras mentiras también somos nosotros, nuestra verdad. Salud!

abril 22, 2012 9:01 p. m.  
Blogger Esperanza Van Nooit dijo...

YO no se qué postear porque tendría que preguntarles a todos los otros Yo, que vaya uno a saber si los encuentro reunidos/as, como para que me ayuden en la elaboración de un "algo" medianamente coherente (coherente a los ojos de los miles de yoes que gozan de buena unidad y apego, claro)
Solo sabemos una cosa, hemos elegido el plural para hablar de YO, y así y todo no nos alcanza. Pero somos libres, somos libres mientras no tengamos nombre.
Saludos!
Muy buen blog

diciembre 26, 2012 7:14 p. m.  

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