domingo, octubre 16, 2011

Sandy Bates en el tren



CHICA JÓVEN: Tengo entendido que usted estudió filosofía en la Universidad…

SANDY BATES: Bueno, eso no es completamente cierto. Sólo hice un curso de filosofía existencial en la Universidad de Nueva York. Al final me dieron diez preguntas y, buf, no pude responder ni a una sola de ellas. Me pusieron un diez.


Se trata de un gag de Stardust Memories, una de las películas más desconocidas e inquietantes de Woody Allen. El chiste es bueno, sí. Sobre todo porque es completamente cierto. La toma de conciencia de que no hay respuestas válidas en la vida acaba siendo un momento de lucidez. Y cuantas más vueltas damos a los porqués, menos explicaciones nos convencen. Y quizás una de las preguntas a la que más vueltas le damos es la pregunta sobre la felicidad. Qué es ser feliz, si es justo ser feliz, si es posible ser feliz, en qué consiste ser feliz, si necesitamos una referencia para entender qué es la felicidad, y si esa referencia debe ser real y palpable, o si basta con imaginarlo.

Lo más memorable de Stardust Memories (valga la redundancia) es la brutal escena que abre la película. No tiene ni una sola línea de diálogo pero explica más que decenas de películas juntas sobre el problema de la percepción de la felicidad.

Tenemos un tren a punto de salir de la estación. Dentro del vagón vemos unos rostros ajados, duros, feos, tristes. Sandy Bates entra en el vagón y toma su asiento junto a la ventana. A través de ella puede observar que en la vía de al lado se encuentra otro tren que partirá en dirección contraria. Dentro de este otro tren, un montón de gente guapa se divierte, baila, bebe champán y es feliz. Sandy mira por la ventana y ve la felicidad. Mira a su vagón y ve la tristeza. Intenta levantarse, salir de allí. Pero ambos trenes se ponen en marcha en ese momento, cada uno en dirección contraria. Sandy queda atrapado dentro de su vagón y ya no puede acceder al otro, que es donde realmente querría estar. Sólo puede seguir el camino marcado por las vías mientras golpea impotente la ventana. ¿No tienes a veces la sensación, lector, de que nuestra vida es un tren equivocado?, ¿por qué, cuando nos topamos con la belleza y la alegría ajenas, nos parece más feo y triste lo que nos rodea?

En esta escena tan felliniana de Stardust Memories hay dos ideas fundamentales con las que nos identificamos. Por una parte, esa sensación que tantas veces nos abruma de que la felicidad está siempre en otra parte, con independencia de las circunstancias en que estemos; de lo ricos que seamos, de lo mucho que follemos, de lo jóvenes que seamos, de la cantidad de amigos que tengamos. Y por otra parte, el hecho de que cuando nos topamos con esas condiciones objetivas en otro tren que no es el nuestro, nuestro tren nos hace más infelices y más desesperados. Algo que no sucedería si la vida no nos hubiera puesto ese otro tren enfrente.

Recuerdo una entrevista que le hicieron a Joaquín Sabina hace varios años. La periodista le preguntó directamente “¿es usted feliz?” y el músico respondió “¿felicidad? ¡por favor, un caballero no habla de esas cosas!”

Sí. La felicidad ajena tiene algo de obsceno y de provocador.



Una película para Sandy Bates: Ocho y medio, de Federico Fellini

Un libro para Sandy Bates: El extranjero, de Albert Camus

Una canción para Sandy Bates: Downbound train, de Bruce Springsteen


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29 Comments:

Blogger Food and Drugs dijo...

Gran verdad.
La comparación con los vecinos es fuente siempre de insatisfacciones.
En cualquier caso la felicidad, al ser un estado del alma, es siempre difícil de ubicar y menos de manipular.
Va y viene cuando quiere, por lo que en mi opinión tiene mucho que ver con la libertad.
Y en eso los dos trenes que se separan son la metáfora perfecta, al imponer su trayecto e imposibilitar cualquier movimiento de retorno.
Woody Allen es un genio, y nos enseña a reírnos de ello, y a trivilizarlo, aún espetándonos en las mismas narices el drama de la soledad, la vejez, la fealdad, o el magro consuelo de las religiones, pero en los vagones de la gente guapa también hay mucho teatro y mucha procesión que va por dentro.
No es oro todo lo que reluce.
Y al final los dos trenes llegan a la misma parada.
Saludos

octubre 16, 2011 1:56 p. m.  
Blogger ana dijo...

Este comentario ha sido eliminado por el autor.

octubre 16, 2011 4:03 p. m.  
Blogger ana dijo...

Yo pienso que la felicidad es una especie de estado, de mirada, que poco tiene que ver con lo que te rodea. Todos sufrimos por las mismas cosas, la causa del dolor, del sufrimiento, suele tener un origen bastante similar en todos nosotros ; la enfermedad, la soledad, el abandono, la perdida de un proyecto... pero lo que nos diferencia y nos convierte en únicos es la mirada, no todo el mundo es capaz de ver lo mismo en su circunstancia difícil a veces similar. No todos entendemos, sentimos, ni miramos igual. Esto lo he podido observar en el hospital, donde diagnóstico similares se viven de forma tan personal e intransferible aunque el proceso de adaptación pueda delatar unas fases comunes como son la rebeldía, el repudio de la realidad, el pacto con ella, la aceptación y transcendencia de la propia vida...

Asocio la felicidad a esa libertad espiritual que todo ser humano es cuando mira su vida y es capaz de acercarse desde esa mirada tan propia a la de los demás. A esa capacidad de saber mirar hacia dentro, de sí mismo y de los demás, la felicidad no está en la apariencia del vagón contrario. La felicidad no es comparable; pienso que es imposible saber cómo es realmente un corazón humano, cómo se siente y lo que alberga a pesar de las apariencias amables de las que pueda estar rodeado. La comparación, desde mi pequeña perspectiva, no tiene lugar cuando se habla de felicidad. También al igual que Sabina, pienso que la felicidad es un asunto demasiado propio.

Como siempre, es estupendo leerte.
Besos.

octubre 16, 2011 4:05 p. m.  
Blogger flower dijo...

Jooo Lagarto... este post tiene mucha miga, bueno, como casi todos los tuyos.

Qué es la felicidad? Para mí es sentirme tranquila sin cuestionarme que para ello me haya obligado a ir en contra de mi dignidad y principios.

Todo aquello que se puede conseguir de manera consciente, de forma personal, que dependa de ti, provoca una felicidad llamemos pasajera. Como ejejmplo tenemos el amor. Esta felicidad es caduca, con mayor o menor prolongación en el tiempo, pero caduca al fin.

Aquello que no depende de ti, salud, un puesto de trabajo en época de crisis, proporciona una felicidad mucho mayor y duradera, pues es algo que está fuera de ti, es como un regalo, tú eres el elegido...

No sé si me he explicado bien. Últimamente ando "feliz" pues aunque me han rajado el cuello como a Frankenstein, puedo hablar y seguir con mi vida prácticamente como si nada. Eso para mí es felicidad.

También te digo que la felicidad y todas la argumentaciones en relación a ella cambiarán mucho de un grupo de edad a otro.

Preguntémosle a un adolescente cuándo es feliz y seguro que no nos habla ni de la salud, ni del trabajo, ni...

Me has puesto muhcas ganas de ver esta peli. Muchas gracias.

Muaaaaaaa,

octubre 16, 2011 7:47 p. m.  
Blogger Tesa dijo...

La gente anda a la búsqueda de la felicidad como un estado constante y duradero, cuando se trata de valorar esos pequeños instantes o pequeños periodos en que , si no parecemos flotar, al menos no andamos abatidos, todo fluye, brilla, suena bien.

octubre 16, 2011 8:55 p. m.  
Blogger PSYCOMORO dijo...

Vaya, Lagarto, es una secuencia que siempre me había encantado. Uno de esos instantes en los que Woody Allen consigue destapar la tristeza que nos hace iguales, la mezquindad de un futuro que no pregunta. Siempre consigues elevar el detalle a reflexión. Como siempre, un placer bucear a tu lado. Salus.

octubre 16, 2011 9:21 p. m.  
Blogger dany dijo...

querido lagarto.una gran pelicula, de lo mejor de este caballero y como sule ser, de lo q menos se conoce...la felicidad, que lejos estamos de cumplir algo que es solo una palabra, no se si existe, realmente creo que no, es lo mismo que el amor, dudo de su existencia, pero uno detras de esas palabras esconde cosas, muchas cosas muy personales...que lindo leerte, siempre es un placer...

octubre 17, 2011 1:07 a. m.  
Blogger JOAKO dijo...

Lagarto, yo creo que en la mayoría de ocasiones le otorgamos a asuntos como la felicidad o la locura una dimensión de absoluto, es decir, o eres feliz o no, o estás loco o no. Cuando para mi son cosas claramente graduales, uno puede tener una depresión y superarla, y durante su depresión, a pesar de no haber estado "loco de atar" si que ha visitado ese "lado de la luna". Creo que como bien dices es la percepción de la felicidad lo que debemos cambiar, eso de que el "césped del vecino de enfrente es más verde". Yo personalmente me esfuerzo en alegrarme de que en el tren de enfrente la gente esté contenta, y acto seguido intentar consolar al que llora. Creo que hay cosas que solo se pueden mejorar desde uno mismo, e intentar ir escalando en la consecución de la felicidad, pero no me engaño, tal vez solo sienta esta felicidad plena en muy pocas ocasiones.

Me ha venido a la memoria una cita del testamento de Abderraman III:
<< He reinado más de cincuenta años , en victoria o paz,amado por mis subditos, temido por mis enemigos y respetado por mis aliados. Riquezas y honores, poder y placeres,aguardaron mi llamada para acudir de inmediato. No existe terrena bendición que me haya sido esquiva. En esta situación he anotado diligentemente los días de pura y autentica felicidad que he disfrutado: SUMAN CATORCE. Hombre no cifres tus anhelos en el mundo terreno.>>
Claramente Abderraman iva en el tren de enfrente, y sin embargo...
Un libro para Abderraman, El gen egoista de Richard Dawkins.
Una canción para Abderraman, La vida sigue igual de Julio Iglesias.
Una película para Abderraman, El hombre que pudo reinar de John Huston.

octubre 17, 2011 9:03 a. m.  
Blogger Juan Antonio. Uno de los Dos dijo...

Yo no soy tan profundo como los compañeros del blog.

Se puede ser feliz, en la mina, en la enfermedad crónica, en la adversidad…solo hace falta tener una mente sana, porque todo esta en el coco, si el coco enferma ¿no hay resquicio para pequeños momento? Ya que la felicidad son pequeñas dosis que la vida te brinda.
Que seas feliz…¿Qué básico que soy? ¿Qué no?

octubre 17, 2011 12:22 p. m.  
Blogger Soy ficción dijo...

La felicidad es una de esas cosas sobre creo firmemente que es mejor no pensar. No hay forma de encontrarle un sentido, de palparla, probablemente no sea más que un mito, y buscarla nos tiene atrapados en un sin sentido de dolor y desazón. Es mejor hacer como que nunca has oído hablar de ella, se disfruta más de la vida :)

octubre 17, 2011 5:51 p. m.  
Blogger Luzdeana (Diana H.) dijo...

Nuestra eterna insatisfacción jamás nos permitiría sentirnos totalmente dentro del tren de la felicidad. Para que deje de ser tan maravilloso, basta con poner un pie en ese vagón que se ve tan deseable desde la vereda de enfrente.
Además lo que nos hace felices tiene fecha de vencimiento: nada puede hacernos felices para siempre. Necesitamos la novedad, el próximo deseo.
Quizás la respuesta está en esos estados momentáneos interiores en que sentimos hacer contacto con otro de una manera casi indefinible.
Como siempre, disfruto muchísimo de lo que nos generas con tus posts.
Un beso.

octubre 18, 2011 12:37 p. m.  
Anonymous Ch dijo...

Yo nunca he sentido que estaba en el tren de los felicices pero sí me ha ocurrido que en determinados instantes he tomado conciencia de ser muy feliz y no he necesitado medirlo respecto a nada para darme cuenta de ello, vamos, que era feliz independientemnete de la situación de los del tren de al lado. Pero estoy de acuerdo que cuando la sensación es la contaria, de infelicidad, ver cómo los demas son felices te hace sentir una mierda (cuanto daño hace la envidia ¿no?) y es muy curioso que en esos momentos no seamos capaces de relativizar en el sentido contrario, de darnos cuenta de cosas obvias, como nacer en el primer mundo o tener salud, por ejemplo.

Que tema más interesante, aunque falta la receta..
Besos
Ch

octubre 19, 2011 1:02 a. m.  
Anonymous Ch dijo...

Yo nunca he sentido que estaba en el tren de los felicices pero sí me ha ocurrido que en determinados instantes he tomado conciencia de ser muy feliz y no he necesitado medirlo respecto a nada para darme cuenta de ello, vamos, que era feliz independientemnete de la situación de los del tren de al lado. Pero estoy de acuerdo que cuando la sensación es la contaria, de infelicidad, ver cómo los demas son felices te hace sentir una mierda (cuanto daño hace la envidia ¿no?) y es muy curioso que en esos momentos no seamos capaces de relativizar en el sentido contrario, de darnos cuenta de cosas obvias, como nacer en el primer mundo o tener salud, por ejemplo.

Que tema más interesante, aunque falta la receta..
Besos
Ch

octubre 19, 2011 1:02 a. m.  
Anonymous MK dijo...

En un episodio de los Simpson,no recuerdo en que circunstáncia Homer se lamenta diciendo que él para ser feliz sólo le pide al mundo "Que le dejen dormir cinco minutos más , tener un poco más de sexo y que le permitan repetir el postre".
Si , es una p...subirse al tren equivocado. ¿¿La normativa de seguridad de esos trenes no incluye un freno a accionar en caso de emergencia...??

No , ahora en serio , estés en el tren que estés alegrate buenamente la vida con lo que puedas y de rebote alégrasela a los demás.
Besos Lagarto

octubre 19, 2011 2:23 p. m.  
Blogger gemmayla dijo...

Creo que la vida es como un tren efectivamente, pero son muchos los vagones y las alternativas de felicidad momentánea y esquiva. Uno puede emborracharse, bailar y reir para olvidar en un momento dado su propia desgracia y la ajena. Uno puede transitar por un momento excelente en su vida y sentir no obstante una melacolía y una tristeza inexplicables e incongruentes perfectamente legítimas.

Lo que resulta patético y lacerante es viajar siempre en el vagón de tren del hedonismo desenfrenado, esperpéntico, insensato. Es insultante para la mayoría del común de los mortales, en especial para los que habitan los lugares más deprimidos y miserables de la tierra.

Es legítima la Felicidad para todo el mundo, pero a ciertos grupos instalados permanentemente en la fiesta, el derroche y el jolgorio y la carencia total de ética y valores, directamente tipificaba en todos los Códigos Penales de todas las naciones PROHIBIDO JUERGUEAR Y SER FELIZ LAS 24 HORAS DEL DÍA A COSTA DE LOS DEMÁS. POR FAVOR, REAPRTIR Y COMPARTIR LA ALEGRÍA.

Besos indignados

octubre 20, 2011 1:05 p. m.  
Blogger gemmayla dijo...

Este comentario ha sido eliminado por el autor.

octubre 20, 2011 1:05 p. m.  
Blogger tomae dijo...

Interesantísima escena LagartoSorrounder, Auque a mí me gustó aquella en que chico encuentra a chica (digamos en trenes cruzados) y ambos piensan ir al tren del contrario, cuando lo consiguen cada uno acaba en el tren del otro...es una idea romántica, y no me preguntes la película en que sale, porque no la ví.

Saludos!

octubre 25, 2011 6:52 p. m.  
Blogger pazzos dijo...

Este comentario ha sido eliminado por el autor.

octubre 29, 2011 1:07 a. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Food&Drugs, efectivamente. La metáfora del tren, pegado a sus vías, nos dice que no somos libres de elegir nuestro destino. Al menos, que no somos libres de cambiar el entorno, que no hay vuelta atrás y que el fin del viaje es la muerte (el basurero en la secuencia de Allen).

También tienes razón en que no es oro todo lo que reluce. Pero, ¿no es lo que reluce y no el oro lo que percibimos? Ay, qué complicados somos.

Salud!

octubre 30, 2011 11:45 a. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Ana, es muy interesante lo que planteas sobre la mirada. La condición humana es más sencilla que las complejas formas que tenemos de afrontarla . Y ahí sí que cabe un cierto grado de libertad. Si es que hemos tenido la suerte de poder conocer, de haber sido educados en la existencia de esas complejas formas. Y con esto vuelvo al problema de la educación pública en mi Comunidad que me preocupa mucho: sólo la educación nos hace libres, nos permite saber mirar hacia dentro y ser menos manipulables. Y aquí también puedo incluir los sentimientos religiosos para quienes los tienen, claro.

Me alegra verte por aquí! Besos!

octubre 30, 2011 11:45 a. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Flower, que con tanta miga voy a engordar :) tu idea de la felicidad también tiene que ver muchísimo con la idea de libertad que comentaba con F&D, ¿lo ves? Necesitamos “no sentirnos obligados” y no es nada fácil alcanzar esa sensación, desde luego. Y también tiene que ver con la idea de educación que comentaba con Ana, ya que no puedes conocer la dignidad y los principios si no has tenido la oportunidad de vivirlos.

Espero que todo haya salido bien, Flower, y me alegra mucho la positividad vital que muestras. Y respecto al tajo, te digo que la novia de Frankenstein era muy sexy, eh :)

Estoy seguro de que te encantará la peli. Besos!

octubre 30, 2011 11:45 a. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Tesa, todo fluye, sí. Agarrarse a un instante es tan inútil como sostener el agua del mar en la palma de la mano. Yo no sé qué es la felicidad en sí. Me gusta la famosa frase de Eduard Punset, esa de que la felicidad es la antesala de la felicidad, y no alcanzarla nunca. Besos!

Psycomoro, a mí también me parece sublime esta escena. Es Buñuel, es Fellini, es Bergman, es Fritz Lang. Es puro cine clásico y brutal. Hay que tener un cerebro muy privilegiado para contar algo tan complejo y tan intuitivo. Un placer compartirlo contigo!

octubre 30, 2011 11:45 a. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Dany, seguramente no existe la Felicidad como concepto absoluto… pero sí existen los momentos previos a la felicidad, esos momentos en que sabemos que estamos a las puertas de tener lo que queremos. Puede ser un buen plato, una cita, una película. Ese estado de “estar a punto de”.

No creo que haya más cercanía a la felicidad, porque el momento del plato, de la cita, de la película llega y se pasa. No sé si me explico.

Besos!

octubre 30, 2011 11:46 a. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Joako, la verdad es que no creo en absolutos, pero es cierto que parece que la condición humana nos empuja a buscarlos, a necesitarlos desesperadamente para poder tener algo a lo que agarrarnos. Y la verdad es que no hay nada a lo que agarrarnos, y ese es el único sentido de la vida. Por eso existe la poesía, la música, la filosofía, la física cuántica... o ese otro tren que nos sirve de referencia para situarnos a nosotros mismos.

Es muy interesante la teoría del Gen Egoísta de Dawkins. Algún día tengo que hablar de él por aquí, pero te adelanto que no estoy de acuerdo con esta teoría :)

Salud!

octubre 30, 2011 11:46 a. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Juan Antonio, claro que todo está en el coco, esa es la gran cuestión. Lo que pasa es que también está en el coco el significado concreto que damos a las palabras. Y si la evocación mental de la palabra “mesa” es distinta en cada cabeza (para unos será la cuadrada y de madera en la que estudiaban de chicos, para otros la redonda del jardín donde lee el periódico, etc), la evocación de palabras como “amor” o “felicidad” ya varía tanto que es difícil incluso saber si estamos comunicando lo mismo entre unos y otros. Salud!


Soy Ficción, estoy de acuerdo contigo en la imposible levedad del término. Pero es muy curioso, Cameron llevó en su campaña en el Reino Unido una propuesta para medir (y mejorar) el nivel de felicidad de los británicos. Ganó las elecciones, así que ya veremos cómo se lo monta :) Besos!

octubre 30, 2011 11:46 a. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Luzdeana, tocas un tema crucial: nuestra eterna insatisfacción. Estoy convencido de que nos definimos más por esa eterna insatisfacción que por cualquier modelo real de felicidad. Decía una canción de Springsteen “Poor man wanna be rich, rich man wanna be king, And a king ain't satisfied”. Una gran realidad.

También te doy toda la razón con el concepto de novedad. Vivimos un mundo tan consumista que hemos llegado a depositar en el consumo de usar y tirar hasta los valores menos comercializables, como el amor o la felicidad. Michel Houellebecq lo llamaba “el mundo como supermercado” en un ensayo muy interesante del que alguna vez tendré que hablar aquí.

Un beso!

octubre 30, 2011 11:46 a. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Ch, esa “felicidad” no comparable es la más auténtica de todas, seguro. Vivimos dentro de nosotros, y es nuestra química interna la que nos hace estar mejor o peor. Es cierto que no podemos ser ajenos a los estímulos externos. Podemos matizarlos un poco, pero no eliminarlos. Incluso para reconocer nuestro Yo, nuestro nombre, nuestra edad, nuestra circunstancia, necesitamos del espejo de los otros. Y, no, me temo que no hay receta :) Besos!


Mk, me encantan los Simpson. Son una reflexión de lo más inteligente sobre la sociedad que vivimos. Creo recordar que en otro capítulo Lisa también hace una reflexión sobre la relación inversa que hay entre inteligencia y felicidad y le dice a su hermano “a mayor inteligencia, menor felicidad” Yo estoy muy contento con mi tren. Ha tenido paradas incómodas, sí, y veredas oscuras que parecían interminables pero que luego han terminado. Besos!

octubre 30, 2011 11:46 a. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Gemmayla, todo es siempre muy ambiguo, desde luego que sí. Siempre estamos con demasiadas cosas en la cabeza, con demasiado pasado y con demasiado futuro como para aislar el presente. Es más, ni siquiera creo que exista un presente aislado como tal, porque siempre lo interpretamos con claves de pasado y futuro.

Y sí, me resulta completamente obscena esa felicidad de consumo ostentoso que, por otra parte, es tan vacío y falso que sólo pueden “disfrutarlo” por diferenciación con quienes no lo disfrutan. Es inmoral, desde luego que sí.

Besos!

octubre 30, 2011 11:46 a. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Tomae, sale en un cortometraje de Álvaro Fernández Armero, que tiene unos años ya y que se llama El Columpio. Cuenta esta misma historia de chico-conoce-chica que estás contando y transcurre en un andén del metro de Madrid. Me encantó ese corto, era buenísimo. Te lo dejo aquí:

http://www.youtube.com/watch?v=fdywrh9-CEo

Salud!

octubre 30, 2011 11:47 a. m.  

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