domingo, septiembre 02, 2012

Algo hermoso que puedes tener de verdad


“Ustedes deben estar cansados de escuchar a todo el mundo decir lo hermoso que es este coche. Pero he conocido un montón de mujeres hermosas en mi vida y, a pesar de sus protestas, nunca se cansaron de escucharlo. Porque cuando encontramos la belleza profunda se nos despiertan profundas emociones y hace que surja en nosotros el deseo. Porque la belleza profunda es, por naturaleza, inaprensible.

Estamos educados para pensar que lo único que importa es la funcionalidad de las cosas, pero dentro de nosotros habita un anhelo por otra cosa. Cuando estaba conduciendo el Jaguar adelanté a un coche familiar. En la ventana trasera de aquel coche vi un niño de unos diez años. Sus ojos seguían mi coche. Lo que había pasado es que el chico vio algo que, simplemente, desearía ya para el resto de su vida. Acababa de ver lo inaprensible alejarse a gran velocidad, fuera de su alcance. Porque eso es lo que hacen las cosas hermosas ¿verdad?

Después pensé en un hombre con dinero leyendo Playboy o Esquire, pasando las hojas de la carne hasta llegar a las brillantes curvas lacadas de este coche. Y sin esfuerzo alguno sus ojos se detienen ahí. La diferencia es que él SÍ puede tener un Jaguar. Este coche. Esta cosa. ¿Qué precio pagaríamos?, ¿qué pecados perdonaríamos? Si no fueran hermosas, si no fueran problemáticas, si no estuvieran fuera de nuestro control, ¿amaríamos esas cosas como las amamos?

Jaguar. Al fin. Algo hermoso que puedes tener de verdad.”

(Don Draper, en la presentación de la campaña de Jaguar al cliente. Mad Men)







Decía Zizek que nuestro problema no es si nuestros deseos se encuentran satisfechos o no, sino llegar a saber qué es lo que deseamos. Decía Séneca que a los que corren en un laberinto su propia velocidad les confunde. Decía Don Draper que la felicidad es una valla en un lado de la carretera que te dice que lo que estás haciendo lo estás haciendo bien. Mad Men es una reflexión de más de 60 horas sobre este argumento.

En los años sesenta el mundo estaba viviendo una auténtica revolución cultural y creativa que aún coletea en nuestros días. Quizás ocurrió en esa década la última gran aportación al concepto de nuestra actual idea de belleza: la poesía de Bob Dylan emanando de una radio de coche, las melodías de los Beatles en casa, la falda blanca de Marilyn Monroe bailando sobre el respiradero del Metro, el París de Cortázar, las demostraciones sociales contra la guerra del Vietnam, los colores de Warhol, los ojos en blanco y negro de Jim Morrison, la iconografía religiosa de Che Guevara, los contrastes cenitales de la huella de Amstrong en la Luna, la insatisfacción vital de Mick Jagger… Pero lo cierto es que todo aquello convivía en la contradicción de un mundo que aún estaba anclado en ideas antiguas, ajenas a todo lo que estaba pasando: los hombres seguían vistiendo con sombrero, las mujeres estaban marginadas en un sistema machista, y las marcas comerciales apelaban a valores tradicionales en sus anuncios.

Y en la calle más agresiva de la ciudad más capitalista del país más ambicioso del mundo, (Madison Street, New York) habitaban los publicistas como un fiel reflejo de las miserias y ambiciones de la condición humana de aquellos años sesenta. Un sector -el de la publicidad- que vivía en plena expansión, entre humo de tabaco y alcohol (mucho, mucho humo y mucho, mucho alcohol), en el que los hombres y las mujeres vivían como si no hubiera un mañana porque realmente no lo había.

Hubo que esperar varias décadas para institucionalizar esta idea de belleza, y para que la publicidad (que es el reflejo más real de la sociedad en cada momento) se adaptara a ese cambio irreversible. Pero en aquel entonces, como en todos los entonces, se vivía la confusión y la incomprensión ante lo que estaba ocurriendo. Y en medio de ese caos, hubo hombres como Don Draper y mujeres como Peggy Olson que cambiaron la manera de ver el mundo con su dolor y su inútil búsqueda de sí mismos bajo la mirada cínica de hombres como Sterling (Mad Men es una historia de miradas, por encima de todo). Nos ayudaron a sentir, pero ellos no podían sentir nada. No fueron héroes, sólo corredores que aceptaron que no hay ninguna gran mentira, que no hay ningún sistema, que el universo es indiferente.

Los personajes de Mad men están condenados al eterno retorno en sus deseos, pero, alguna vez, fugazmente, logran atisbar el vacío de su existencia, el engaño de sus deseos. Pero esa visión, esa certeza, nunca dura el suficiente tiempo como para que puedan darse cuenta de ello. Porque sólo vivimos dos veces: una para nosotros mismos y otra para nuestros sueños.



Una canción para los hombres de Madison: You only live twice, de Nancy Sinatra

Una película para los hombres de Madison: El desprecio, de Jean-Luc Godard

Un libro para los hombres de Madison: Lo mejor de todo, de Rona Jaffe


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13 Comments:

Blogger Rafa. Uno de los dos dijo...

Dejando al margen la campaña de presentación de Jaguar, que es algo que se puede comentar desde la rabia, el resto del texto no lo comprendo, es algo así como enigmático, una especie cometarros personal que es muy difícil que los demás lo comprendamos. yo que reconozco que hay veces que escribo de manera similar creo que3 debieras de dar alguna clave comprensora más que ayude a interpretarlo.
¿o es que me acabo de levantar...?

septiembre 03, 2012 10:09 a. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Bueno Rafa, quizás el parón del verano aún está influenciando en mis anquilosados dedos, y cierta vaguería de terraza y chanclas aún perdura en mi manera de escribir. Culpa mía.

Trato de hablar de algunas sensaciones que me produjo Mad men, serie de televisión que acabo de terminar de ver estos días. Me fascina la intensidad de unos personajes tan vacíos y tan necesitados de encontrarse a sí mismos en un mundo de dinero y ambiciones, donde los que “fabrican” nuestros sentimientos (comerciales en este caso, ya que hablamos de publicistas) son incapaces de sentir nada. Y me fascina la idea de que esto ocurriera en medio de una década en la que parecía que se sentía todo.

Sólo quería hablar de la sensación que me produce esa estupenda serie, y tampoco quería contar lo que es Mad men, que para eso hay muchos blogs y muchos artículos de gente que sabe hacerlo mucho mejor que yo.

Salud!

septiembre 03, 2012 12:28 p. m.  
Blogger Rafa. Uno de los dos dijo...

Gracias por la aclaración.
hace tiempo oí en R3 hablar de un libro:

http://trabalibros.com/libros/i/3588/55/13-99-euros

que me dejó fascinado. sorprende la coincidencia con tus reflexiones

septiembre 03, 2012 11:52 p. m.  
Blogger Marga dijo...

Bienhallado, Nosurrender!!

Tal vez sea necesario haber visto la serie antes de leer tu texto porque a mí me ha parecido certero y totalmente comprensible... se lo comento a Rafa, es posible que de ahí venga su lío.

Y coincido contigo en tu análisis del argumento. En la ceremonia de la confusión que supone mezclar churras con merinas, es decir, la "vida real" (sea esta lo que sea pero que es)con la publicidad. Sus descabales morales, los tropiezos, los tanteos, lo vacuo de su existencia, ajá. Y sí, Don y Peggy son los personajes centrales sobre los que asentar el desconcierto de una época y el personal, aunque los "secundarios" no dejen nunca de ofrecer pistas.

De las series más consistentes que he visto en los últimos tiempos (si de psicología de personajes hablamos) y aunque a veces roce la esencia del culebrón, eso, sólo la roza, con una nueva vuelta de rosca estilosa se la salta con gracejo.

Besos de retorno.

septiembre 04, 2012 11:04 a. m.  
Blogger Soy ficción dijo...

Hey!

Te he echado de menos.

Mad Men esta temporada me ha afectado más que las anteriores, me recuerda más a la primera temporada, más oscura pero más hermosa.

Verla es un poco como hacerse mayor. Sabiduría y desazón en cada episodio. Supongo que la vida es eso.

septiembre 04, 2012 11:48 a. m.  
Blogger Raquel dijo...

No he visto la serie, pero me han hablado mucho de ella y también he leído sobre ella en otros blog que coinciden contigo en lo que dices del protagonista.
El último parrafo me gusta mucho, y creo que es lo que nos pasa a muchos. la frase final es muy acertada.
Feliz regreso al mundo blogger.
Abrazos.

septiembre 08, 2012 4:41 p. m.  
Blogger flower dijo...

Np ùedo hablar sobre la serie porque no la he visto. Solo puedo decir que tu escrito me produce una desazón increible.

Yo soy de vísceras y respirar por las tripas, así que este idioma no lo entiendo.

Un besazo, muaaaaaaaaaaaaaa,

septiembre 08, 2012 8:12 p. m.  
Blogger Antígona dijo...

Mad men es una serie que da tanto de sí que creo que también algún día escribiré un post sobre ella.

Quizá lo que más me fascina de esta serie es precisamente la cuestión sobre la que gira todo su post: el deseo. Porque no hay publicidad sin la creación y manipulación del deseo. Porque tengo la impresión de que Don Draper es tan bueno en su trabajo debido a su incapacidad para sentir ningún deseo como propio. Actúa como una especie de un entomólogo con sus insectos: observa los deseos humanos y los analiza con tal grado de perspicacia por el hecho de estar de alguna manera fuera de ellos, y así mantener la distancia justa que le permite comprenderlos sin velos ni cegueras. La fuente de su éxito es, por tanto, también la de su desgracia. Algo que, a mi juicio se ve muy claramente en su relación con las mujeres. Y qué decir de los deseos de Peggy, ansiosa por ocupar un lugar en su mundo que sólo corresponde a los hombres y cuyo logro no ha dejado en todo momento de tener un altísimo precio. O de los de Joan, en el fondo no tan distintos de los de Peggy aun cuando ella haya asumido que su papel de mujer es inamovible en ese mundo que pugna por cambiar, pero donde los cambios siempre producen víctimas. Y así podría seguir con todos y cada uno de los personajes, más o menos secundarios. Todos son dignos de reflexión y análisis, puesto que en ninguna otra serie que yo haya visto la psicología de los personajes refleja tan bien las contradicciones de esta época convulsa, plagada de novedades y pese a todo firmemente arraigada en valores tradicionales.

Por otra parte, el discurso de Don que ha elegido es magnífico. ¿Quién no se dejaría seducir por él? Y es magnífico porque es verdadero. De las cosas bellas no nos importa que sean problemáticas. Es más, que sean problemáticas parece tornarlas aún más bellas, en la medida en que las hace aún enigmáticas, menos alcanzables y, por tanto, más deseables. Pero pese a todo, creo que nunca me compraría un jaguar. No es que sea insensible a la belleza, en absoluto. Pero sí a la supuesta belleza de los coches. La publicidad tiene sus límites. Y Don Draper también lo sabe.

Estupendo post, doctor Lagarto.

Un beso!

septiembre 16, 2012 9:33 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Rafa, Beigbeder también tuvo su momento de gloria en esta página, hace ya varios años (http://ellagartoentulaberinto.blogspot.nl/2007/02/no-cambien-de-canal-volveremos-en-unos.html ). Me parece fascinante el mundo de la publicidad, el más crudo existencialismo que desnuda sin pudor todas las miserias del hombre. Salud!

Bueno, Marga, sólo he mencionado dos personajes pero, como bien dices, podrían haber sido muchos más porque la historia de Mad Men es la interacción entre todos ellos. Cada personaje se define por su relación con los demás, como la vida misma. Besos!

septiembre 17, 2012 11:12 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Hola, Ficción! El verano ha sido complicado, y este septiembre también empieza con mucho lío, pero intentaré no faltar a estas citas. Hacerse mayor es peligroso, pero inevitable. Está bien suspirar la desazón con las experiencias de otros :) Besos!


Raquel, la frase final es el corolario de toda la serie. Estoy seguro de que te gustará. Abrazos!

septiembre 17, 2012 11:12 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Bueno, Flower, quizás me he centrado en un tema muy concreto, porque no era mi intención explicar la serie. Aparte de esta desazón existencialista hay más cosas. Toda una sociedad que cambia y no sabe que lo está haciendo.

Buf, para mí es de lo mejor que ha pasado por televisión (junto con The Wire o Breaking bad), te lo garantizo.

Besos alegres, que a todos nos hacen falta!

septiembre 17, 2012 11:13 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Tiene razón, doctora Antígona. El gran poder que tiene Draper para identificar el deseo es su distancia con el mismo. Sólo así, asépticamente, sin intervención del sujeto en el estudio, se puede entender el mecanismo que lo formula. El tema que usted toca, el de las mujeres en Mad Men y su interpretación de sí mismas en ese mundo cambiante, es importantísimo y daría no ya para otro post diferente, sino para toda una tesis. Seguro que usted lo podría hacer mucho mejor que yo.

Besos, doctora Antígona!

septiembre 17, 2012 11:14 p. m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Mad Men es esa serie que es sinónimo de arte e inteligencia en un medio tan generalmente absurdo y pobre como la televisión. Lo mejor que le ha pasado al arte audiovisual desde hacía mucho.

septiembre 19, 2012 2:27 p. m.  

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