martes, abril 03, 2007

Pasen y vean

Equilibristas, payasos, malabaristas, lanzadores de cuchillos, enanos y leones se preparan cada noche para salir a la arena de la pista circular del Circo Ambulante de San Lagarto.

La extraña familia nómada lleva tres décadas recorriendo los pueblos de la región ofreciendo su asombroso espectáculo. Hace más de diez años que la estrella indiscutible es un elefante africano de seis toneladas a quien llaman el Gran Melquíades en los carteles promocionales. La bestia eleva cada noche sus enormes patas sobre el orondo cuerpo del domador mientras un niño impecablemente vestido de frac hace un redoble de tambor. El animal sabe que no podrá bajar las patas al suelo hasta que el chico acabe el redoble con un golpe seco, permitiendo así que el domador recupere la verticalidad y salude látigo en mano a los aplausos del público, ya fuera de todo peligro. Sólo así el Gran Melquíades obtendrá la comida que le viene siendo negada desde la mañana.

Eulogio el domador se encuentra muy orgulloso de su trabajo. La tensión que muestra el público ante su posible muerte por aplastamiento le colma de vanidad durante esos escasos segundos que terminan en calurosos aplausos. Diez años lleva rodando bajo las pezuñas de aquel inmenso mastodonte, exprimiendo la adrenalina de los niños de la zona con su valor y dominio del peligro. Pero su sobrino, que hace de tamborilero y ayudante en las proezas arriesgadas de su tío, lleva ya un tiempo pensando en cómo hacer más interesante el espectáculo. Se trata de un chico despierto y con inquietudes empresariales mucho más modernas que las del domador, cuya única ambición descansa ya en el cuello de una botella de vodka y en los infieles brazos de la Mujer Tatuada.

- Tío Eulogio, el Circo está muerto. ya nada es como era. Y aquí sólo vendemos patético romanticismo. Necesitamos nuevas sensaciones que devuelvan la magia a este espectáculo decadente. Captar el valor añadido y trasladarlo al precio de las entradas, para así poder aumentar nuestros márgenes operacionales. Debemos modernizarnos.

Esta noche de agosto, en las eras de La Adrada, la carpa del Circo Ambulante de San Lagarto acoge a media entrada. A las ocho en punto la actuación del viejo domador comienza con la misma rutina aparatosa de siempre. Ante los ojos atónitos del público, la bestia levanta las patas medio metro por encima de la enorme barriga del domador que cierra los ojos para infundir más sensación de temor y riesgo en la audiencia.

Los payasos rodean la escena llevándose los guantes de colores a la pintura de sus bocas, los enanos corren alrededor del Gran Melquíades agitando las manos con fingido nerviosismo y la Mujer Tatuada observa distraída la escena mientras hace calceta en la boca del túnel que comunica con los camerinos.

Todos los espectadores sienten la adrenalina de sus cuerpos fluir a borbotones. Como cada noche en cada pueblo, desean sin atreverse a reconocerlo que el elefante falle y deje caer sus seis toneladas africanas sobre la levita roja que embute la masa de carne y vodka del domador.

Eulogio respira con dificultad tumbado sobre la arena, con la cabeza ligeramente inclinada hacia delante para mantener la dignidad de su negra chistera de oreja a oreja.

El chico, como cada noche, toma su tambor y empieza el delicado movimiento de muñecas que traslada por las baquetas hasta la membrana tensa del tambor. Trrrrr.....
En medio del redoble, durante el sepulcral silencio de la audiencia, el niño comenta con el domador.

- Tío Eulogio, creo que es el momento de hacer de esto un verdadero espectáculo.

De pronto las muñecas del niño dejan de bailar sobre la piel del tambor y se interrumpen con un golpe seco. El Gran Melquíades deja caer sus patas en ese instante sobre el domador, que apenas ha tenido tiempo de abrir los ojos para encontrar la enorme y circular oscuridad de la planta plana y rugosa del elefante sobre su cabeza.

El público grita enardecido, se excita, se levanta de sus asientos y señala con el dedo el centro de la pista, donde la arena se tiñe de rojo bajo las piernas del Gran Melquíades, que levanta triunfante la trompa saludando a su público. ¡Su público!




Una película para el elefante: Santa sangre, de Alejando Jodorowsky

Un libro para el elefante: El tambor de hojalata, de Günter Grass

Una canción para el elefante: You can’t always get what you want, de Rolling Stones

24 Comments:

Anonymous Sonámbula dijo...

¿Dónde para el próximo espectáculo del Circo Ambulante de San Lagarto? ¿Venden entradas por Internet? Podría presentar mi currículum. Yo era domadora de renos en Nordkapp, Noruega ¿sabes? Conmigo los animales hacian cosas increíbles. Una vez conseguí que Olav, mi reno favorito, se comiera todo lo que llevaba encima el hijo del alcalde. El niño apareció desnudito cerca de un glaciar, eso sí, muy bien peinado, como si llevara el pelo engominado. ¡Oh! Yo haría maravillas con el Gran Melquiades, tengo especial habilidad con los paquidermos. Sólo tendría que eliminar al tamborilero y circo sería mío...

abril 03, 2007 11:19 p. m.  
Anonymous itoitz dijo...

El espectáculo de lo que es bello, en cualquier forma que sea presentado, eleva la mente a nobles aspiraciones.
Buen tema de los rolling.

abril 03, 2007 11:49 p. m.  
Blogger Coblenza dijo...

Yo no me pierdo entonces la próxima actuación. Aquí acabas de plantar tu república independiente con este maravilloso arte cirquense.
(Y no es el de Ikea precisamente).
Aúnque si hay que ir, pues se va. Lagarto querido nos compramos el apartamentito?
Besos. Muá.

abril 04, 2007 12:25 a. m.  
Anonymous Anónimo dijo...

"Todos los espectadores sienten la adrenalina de sus cuerpos fluir a borbotones. Como cada noche en cada pueblo, desean sin atreverse a reconocerlo que el elefante falle y deje caer sus seis toneladas africanas sobre la levita roja que embute la masa de carne y vodka del domador".

Me recuerda a cuando escuchas "no soporto la sangre", sin embargo, el morbo tiene más fuerza, y ahí van esas voces a verla, a recrearse con y en ella. Curioso.

bank

abril 04, 2007 12:45 a. m.  
Blogger AnA dijo...

La pelicula quizá...mmm "El hombre elefante"....

abril 04, 2007 9:47 a. m.  
Anonymous ladydark dijo...

Y el espectáculo debe de continuar. Buen relato No surrender aunque, ¡que va a decir una funámbula!. En cuanto a películas circenses yo me quedo con una clásica "El maravilloso mundo del circo".

abril 04, 2007 10:14 a. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Sonámbula, ahora mismo hay una vacante para el puesto de domador de elefantes, iremos comprando un vestido de malla transparente con lentejuelas estratégicamente colocadas y un sombrero con plumas :P

Itoitz, es una de las canciones más hermosas de los Stones, sí. Hay una versión grabada en un circo, en 1969, en la última aparición que hizo Brian Jones con la banda antes de morir. Haciendo coros, estaban John Lennon y George Harrison, entre otros.

Coblenza ¿apartamentito? Con lo que saquemos del circo nos compramos una mansión en la playa ;)

Ah, bank, el morbo, sí. La atracción de límite... esto engancha con lo del anterior post ¿verdad?

Admirada Ana, es una gran película la de Lynch. Seguramente la mejor que hizo, por encima de Blue Velvet, para mi gusto.

Ladydark, ¡nuestra funámbula del circo de San Lagarto! ¡un aplauso! ¿es la de Burt Lancaster haciendo de trapecista? Me encanta esa película, sobretodo el personaje del mudo

abril 04, 2007 11:10 a. m.  
Blogger Gregorio Verdugo González-Serna dijo...

El elefante representa el deseo de los otros y lo ejecuta a la perfección, quizás por eso lo has llamado Melquíades, como el gitano milenario y sabio de Cien años de soledad. Él le da al público lo que quiere, es su estrella. El niño es sólo el medio que utiliza para conseguirlo, mañana le podría tocar a él también.
Saludos.

abril 04, 2007 11:25 a. m.  
Anonymous ladydark dijo...

No Surrender es mejor no usar la memoria que juega malas pasadas, la peli era "El mayor espectáculo del mundo" con James Stewart de payaso huyendo. Y la que tu dices es "Trapecio" donde también sale un jovencito Tony Curtis. Gracias San Google jajaja

abril 04, 2007 11:47 a. m.  
Blogger annabellee dijo...

Chico ambicioso y sin escrúpulos..trrrrr...¿renovarse o morir? Me da pena el elefante, saludando a su público inocentemente, sin darse cuenta de que ha sido el instrumento para una venganza y que, probablemente, la próxima víctima en este sacrificio, va a ser él...a no ser que alguien lo rescate haciéndolo desaparecer...
Voy a mandar mi currículum también.
Soy maga.

abril 04, 2007 1:02 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Gregorio, veo que has cogido el guiño al Melquíades de García Márquez ;) Un niño con un tambor siempre tiene cierto peligro, ¡que se lo pregunten a Grass! Pero estoy contigo, la empresa es del elefante

Ay, Ladydark... si es que no tengo tiempo para googlear. Por alguna extraña razón incomprensible, se empeñan en esta oficina en trabajar. De verdad que no lo entiendo :P... ya caigo, sí ¡buena película! James Stewart siempre está bien.

Anabelle, pero ahora que el elefante sabe que le aplauden a él cuando hace lo que hace... ¿no crees que cambiarán los roles? ;) necesitamos magas, ¡sí! ¿haces trabajos personales? :P

abril 04, 2007 1:30 p. m.  
Blogger Mavi dijo...

Este comentario ha sido eliminado por el autor.

abril 04, 2007 4:20 p. m.  
Blogger Mavi dijo...

Desde mi punto de vista has utilizado a Melquiades de la misma manera que lo hizo Gabo.
Melquiades como mecanismo de cambio, un paso hacia el futuro. Tú Melquiades utiliza la muerte de su domador y el de Gabo utilizó el hielo.

Muerte a los tiempos pasados, viva la revolución. Al día siguiente amaneció un día soleado en La Adrada y Melquiades empezó un largo viaje con un niño con chistera subido a su lomo.

Besos!!

abril 04, 2007 4:20 p. m.  
Blogger Sintagma in Blue dijo...

ufff... maravilloso relato.

besos admirados

abril 04, 2007 6:19 p. m.  
Blogger Klaudia Gantús dijo...

mmm una peli para el lagarto más funambulista: freaks :)
feliz semana santa y ojo con los pakidermos cervezeros y las mujeres barbudas (léase no-rubias espektaculares).

:*** bzuz dsde el mar

k.

abril 04, 2007 7:13 p. m.  
Blogger Arcángel Mirón dijo...

Y seguramente sacrificarán al elefante por considerarlo peligroso... qué crueldad, Lagarto...

abril 04, 2007 10:17 p. m.  
Blogger Sirena dijo...

Uff. Pobre hombre. Me gustó el relato, parece que los deseos inconscientes del público se los transmitieron al elefante. Hace años que no piso un circo, me encantaría volver a ir y experimentar las sensaciones de cuando era una niñita. Besos infinitos. ;)

abril 04, 2007 10:22 p. m.  
Blogger Z... dijo...

Sí, El tambor de hojalata es perfecto para este post! Me vinieron muchas escenas de tan tremendo libro a la cabeza.

abril 05, 2007 1:22 a. m.  
Blogger MALEFICABOVARI dijo...

Dios, qué expeluznanteeeeeeeee¡¡¡ Siempre odié el circo, me parece cruel lo de los animales, hace poco fuí cn mi hija a uno, y los cocodrilos apenas podían moverse de lo drogados que estaban... fué degradante... y no me gustó que mi hija viese cómo maltrataban a los animales, no pienso llevarla otra vez. Tiene razón en que ese elefante seguramente llevaría todo el día sin comer, es el experimento de Paulov, se llamaba así, verdad? la recompensa por un ejercicio de dinámica pura... Y ese domador que parece un cocainómano en busca de su racción diaria de droga dura... ahí, debajo sabiéndose seguro de su destino, pero con ese tanto por ciento en la cabeza de accidente por sorpresa que tanto le pone... me ha parecido demoledor, señor, demoledor... y muy triste, todo. Ese niño no será el de la profecía, no? Nose,mesonabaami... bss, gracias por venir a casa y desearme los buenos días, siempre se agradece el calor...

abril 05, 2007 1:47 a. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Mavi, nos llevaremos también a la mujer tatuada; la pobre necesita un amante.

Gracias, sintagma. ¡Vente a la próxima actuación!

Claudia, las mujeres barbudas son más fáciles de dominar que las rubias espectaculares. Quizás deberíamos inaugurar una nueva atracción en el Circo de San Lagarto; en lugar de encerrar a un hombre en una jaula con seis leones, le podríamos encerrar con seis rubias espectaculares. Qué miedo, qué acojone.

Arcángel, el Circo de San Lagarto es diferente; en lugar de sacrificar al elefante hemos sacrificado al domador ;)

Sirena, estás invitada a la próxima actuación del Circo de San Lagarto. ¡No te sientes en la primera fila si no llevas impermeable!

Z, es un libro maravilloso con un niño terrible, sí. Es muy especial.

Maléfica, en el Circo de San Lagarto sólo se droga uno de los acróbatas, que tiene unas plantitas de esas de la risa en el alfeizar de su caravana :) ¡Buenos días!

abril 05, 2007 12:46 p. m.  
Blogger atikus dijo...

Jo, a mi es que el mundo del circo nunca me gusto, me resulta muy triste, creo que esa vida errante debe ser muy dura; no se...de pequeño no me gustaba tampoco,

Eso si las pelis si que me gustan, además de las que habeís comentado...pues por ej "Una tarde en el Circo"de los Hnos Marx, o una llena de bellezas y un baquero de toda la vida "El fabuloso mundo del circo", ni mas ni menos que john Wayne, Claudia cardinale y Rita Hayworth...ah, así si me gusta el circo!!!

abril 05, 2007 12:57 p. m.  
Blogger Mavi dijo...

Lagarto nos llevamos a quien tu quieras, quien quiera que se apunte, hacemos jornada de fronteras abiertas!!!

abril 05, 2007 2:16 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

El circo es lo más decadente que puedo imaginar, atikus, sí. Pero también han sabido modernizarse algunos ¿has estado en algún espectáculo del circo del Sol? Merece la pena.

Perfecto mavi. Estaba pensando que necesitaremos más atracciones. Ahora que está mal visto utilizar animales en las actuaciones, podríamos encerrar al nuevo domador con seis tertulianos de radio en una jaula, a ver qué pasa.

abril 05, 2007 10:56 p. m.  
Anonymous valeria dijo...

Cualquiera diría que los espectadores estaban en un circo romano...
No quiero ni pensar qué le harán al lanzador de cuchillos.

abril 06, 2007 8:20 p. m.  

Publicar un comentario

<< Home