lunes, junio 16, 2008

Weitermachen!

En una presentación de su libro La espina de la amapola, decía mi amigo Javier Pérez a una televisión que “al obrero de ahora le han cambiado la conciencia de clase por una gameboy”

Y sí. La sociedad en que vivimos, como decía Herbert Marcuse, manipula e inventa nuestras necesidades. La sociedad industrial pasó a ser la sociedad capitalista, y ahora ya se ha convertido en la poderosa sociedad del consumismo ¡sin complejos! Y, efectivamente, cualquier conciencia de explotación que podamos intuir queda sepultada entre todas las necesidades que el Sistema nos ha hecho asimilar falsamente como nuestras.

En 1886, tras el fusilamiento en Chicago de varios sindicalistas que luchaban por sus derechos, se llegó a un punto de inflexión en el desarrollismo industrial. Se empezaron a firmar convenios laborales que asumían la jornada de ocho horas. Hasta el papa Pío XII acabó celebrando públicamente los éxitos de las reivindicaciones de los trabajadores. Hoy, en cambio, se quiere proponer en el Parlamento Europeo la jornada de 65 horas semanales. Acojonante.

Herbert Marcuse, a principios de los sesenta, ya daba por hecho el triunfo del pensamiento único, de la televisión como modo de hiperestimulación sensorial y del sentido de la impaciencia que marca nuestra cultura, nuestro consumo y la manera de entendernos a nosotros mismos.

En el mundo globalizado y capitalizado de hoy, la clase trabajadora ya no sólo la constituyen los obreros industriales. También los profesionales, los autónomos, los técnicos o los directivos de empresas son explotados en el actual Sistema, sin conciencia de serlo, a cambio de ciertos beneficios que los mantienen alienados. Un coche más grande, una casa más grande, unas tetas más grandes.

La sociedad consumista, decía Marcuse, es capaz de asimilar cualquier forma de oposición que surja contra ella, y, por tanto, no existe ningún movimiento individual ni colectivo capaz de ponerla en entredicho. Todos los movimientos antisistémicos -incluido el anarquismo- han sido fagocitados por el Sistema y operan al servicio de mantenerlo y engordarlo cada vez más.

Usted, lector, puede comprar en enormes centros comerciales divertidos pins con frases nihilistas para colgar en la puerta de su nevera de marca alemana. Puede consumir música punk en su mp4 de marca japonesa. Puede leer a Marcuse en su sofá de marca sueca. Todo esto crea más inversión, más horas de trabajo remunerado, más movimientos bancarios y más capitalización del producto comercial nihilismo, el producto comercial música punk o el producto comercial filosofía de Marcuse. Y crea beneficios capitalistas, abre mercados y contribuye, claro, a extender la jornada laboral hasta las 65 horas para que los nuevos beneficiados puedan comprarse un coche aún más grande, una casa aún más grande, y unas tetas descomunales. El sistema es perfecto.

El consumismo (“capitalismo avanzado” lo llamaba Marcuse) ha logrado una mejora en el nivel de vida de los trabajadores, eso está claro. Pero esta mejora no es real porque no satisface necesidades reales, sino necesidades que provienen de nuestra conciencia alienada, esto es, inventadas por el propio Sistema. Somos igual de felices o de infelices, pero más alienados.

No es la plusvalía de nuestro trabajo (como dicen los marxistas) ni nuestra libertad (como dicen los liberales) lo que está en peligro. Es nuestra propia conciencia humana (libidinal, decía Marcuse, ¡me encanta ese toque freudiano!) lo que estamos vendiendo a cambio de una gameboy.

Pero hagamos caso a Marcuse. A pesar de que está claro que tenemos la batalla más que perdida, seamos cabezotas y no perdamos la esperanza.

En su tumba, encima de su nombre, Herbert Marcuse sólo nos dejó una palabra: “Weitermachen” (sigamos adelante)



Los regalos de hoy están plagados de amiguismo, ya que los tres autores los son:

Una canción para Herbert Marcuse: Que no, de Deluxe

Un libro para Herbert Marcuse: La espina de la amapola, de Javier Pérez

Una película para Herbert Marcuse: Los lunes al sol, de Fernando León

.

25 Comments:

Blogger Arcángel Mirón dijo...

A veces me da miedo la posibilidad de que el mundo se me caiga encima.

junio 16, 2008 9:05 p. m.  
Blogger Javier Pérez dijo...

Como siempre, se sorprende uno de poder leerte gratis.

Gracias por la mención y también por el despliegue de lucidez.

Me gustaría añadir algo, aunque sea sólo por poner un contrafuerte donde sobran pilares: que la diferencia entre lso viejos tiempos y los actuales está también en que ya no son posibles las revoluciones, sino sólo las rebeliones, porque hay normas y estatus tan bien asumidos por los que los sufren que no dejuan lugar a la oposición de hombres libres. Son lso hombres libres los que hacen las revoluciones. Los esclavos, se rebelan.

Por otro lado, no somos tan jóvenes como para ignorar que aunque vivimos mejor con este capitalismo, hace unos años una familia se mantenía con el trabajode uno y ahora es preciso el trabajo de dos. ¿Dónde está el diferencial? No en nuestro bolsillo.

REn forma de liberaciónd elamujer, de igualdad, oo yo qué sé de qué, nos vendieron la necesidad de que trabajásemnos todos los miembros dela familia, pero la suma de lo que obtenemos es muy similr a lo que teníamos cuando trabajaba sólo uno.

la e pliucación, siguiendo con Marcuse, está en la obsolescencia planificada, en el empleo de recursos para procesos improductivos, y cómo no, en la voracidad de unos pocos sectores que convierten el mundo en lugar donde no vale la pena querer resucitar de entre los muertos.

Mi receta, la de siempre para los que me conocemn: al cominismo se le vence pensando y trabajando. Al capitalismo se le vence no consumiendo.
cada pantalón que dura tres años hace más dañoque todas las pancartas juntas.

Salud

junio 16, 2008 11:00 p. m.  
Blogger Sese dijo...

Los que somos víctimas del sistema sólo nos queda la esperanza de ser utópicos, ésa es la única vía de escape; esta sociedad va para atrás pero no tienes más remedio que subirte a este tren. Las soluciones las estamos dilapidando nosotros mismos, y la alienación que la propia sociedad ejerce sobre los individuos. Pero el derecho a ser idealistas, a soñar con una utopía no nos los pueden robar.

Saludos

junio 17, 2008 3:00 p. m.  
Blogger Bolero dijo...

con mi mano izd. te escribo (tu me entiendes)peazo post compañero
javier perez, como mujer y aunque me apaleen las feministas q lo soy, estoy de acuedo contigo
no quiero decir q la mujer en casa ni mucho menos, pero intercambiando labores, q no está mal.

añado un mea culpa, por consumista
muak lagARTO

junio 17, 2008 7:12 p. m.  
Blogger atikus dijo...

La verdad es que el capitalismo tan bestia que tenemos hoy en día no es el que sale en las pelis arropado por Lubitsh en Ninotchka o Wilder en un dos tres, o quizás si, solo que estan allí circunstancialmente, para luchar contra el Nazismo y el comunismo, no creo que apoyaran hoy este tipo de sociedad consumista...o si?

pero me estoy saliendo del tema...lo que si se es que no es mas féliz el que mas tiene sino el que menos necesita...aunque eso puede interpretarse mal ;(

es que las frases hechas...

saludos

junio 17, 2008 8:27 p. m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Creo, desde hace tiempo, que la única batalla que se puede plantear es la individual. Que el pantalón dure tres años, el móvil (si lo tienes) hasta su fallecimiento, el coche hasta que la ITV te lo eche para atras, etc.
Y seguir adelante apagando televisiones, leyendo, conversando cervezas con los amigos ...

Ya, que no vale para nada. Pero al menos resistirse a ser otro ladrillo en el muro.

A veces, Lagarto, sería preferible ser imbecil. La lucidez es el camino más corto a la tristeza y la desesperanza.

Un saludo.

Y otro para Javi.

Maldoror.

junio 17, 2008 11:49 p. m.  
Blogger Javier Pérez dijo...

Donde hay mucho conocimiento hay mucho dolor. Ya lo decía Quohelet, el cabronazo.

Y sí que sirve de algo, Maldoror.

Un buen día preguntas lo que cuesta una casa en la montaña, a 30 minutos d eun trabajo parecido al que tienes (que no sé cual es ni me importa) y alo mejor, como muchos te das cuenta de que trabajando lo mismo te sobra el doble.

Ejemplo: madrileño trabajador de Caja Madrid. Pidió traslado a la sucursal de Ponferrada y se fue a vivir a Torre del Bierzo. La sucursal le queda a 18 minutos en coche de casa (antes le quedaba a 35) y la casa, de 170 metros y huerta, le costó 40.000 €.

Es sólo un ejemplo, pero a veces nosotros mismos nos inventamos los callejones sin salida.

Abrazos generales

junio 18, 2008 5:01 a. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Bueno Arcángel, los antiguos galos estaban asustados de que fuera el Cielo lo que les cayera encima. Claro que como tú vives en el hemisferio Sur … :P

junio 18, 2008 12:37 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Javi, no me des ideas. A ver si me voy a decidir y cobrar por entrar en esta página. No me vendría mal un “trabajo” así. No sé, quizás necesito un patrocinador capitalista, o algo :)

Naturalmente, hay que poder escapar de la moral de esclavo para poder dar valor al concepto de la libertad y la conciencia. José Antonio Marina usa como ejemplo en su Ética para náufragos una historia en la que un esclavista quiere liberar a sus esclavos, pero éstos prefieren seguir siéndolo. De esta manera se plantea el dilema, ¿son libres los esclavos para seguir siéndolo? Pues claro que no. lo que pasa es que antes de querer dejar de ser esclavos tienen que adquirir conciencia de que tienen conciencia.

La justa llegada de la mujer al mercado laboral hizo que bajaran los salarios reales. Es la ley número uno de la economía de libre mercado: si sube la oferta y se mantiene la demanda, bajan los precios. En cualquier caso, un trabajador hoy en día dispone de más sanidad pública de lo que ofrecía hace unas pocas décadas el mejor hospital del mundo, de coches con más tecnología que las naves de la NASA que llegaron a la Luna en los setenta… el diferencial también está en la capitalización del ahorro fiscal y empresarial desde entonces. Yo no hablaba tanto de bienes materiales como de “estados de felicidad”. Te doy la razón en el hecho de que para estar a una determinada altura económica de clase, sí tenemos que trabajar al menos el doble de horas.

Salud!

junio 18, 2008 12:37 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Sese, ni siquiera estoy seguro de que los sueños no puedan ser comercializables y que acaben apuntalando aún más el Sistema. Nuestra fantasía, individualidad, autorrealización, etc son utilizados como modelos de “querer ser” en muchos anuncios de coches, por ejemplo. Un sueño nuevo acaba siendo una idea nueva para un publicista. Saludos.



Tienes buena mano izquierda, Bolero :) Es una buena idea la de que se alternen en el trabajo los dos miembros de una pareja. O que trabajen la mitad de horas cada uno, que vendría a ser casi lo mismo. Pero lo cierto es que, hoy en día, se precisan dos sueldos para pagar bienes de primera de necesidad, como una casa. Besos.

junio 18, 2008 12:37 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Atikus, en realidad el personaje de James Cagney en Uno, dos, tres es un perfecto ejemplo de alienación sistémica. Se deja la vida para vender más y más coca colas en Berlín, con la finalidad de ser trasladado a la oficina de Londres ¿por qué quiere la oficina de Londres, en lugar de la de Berlín? ¡Porque es un mercado más grande donde se pueden vender más coca colas! Saludos!

junio 18, 2008 12:38 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Maldoror, si no renuevas tu teléfono móvil en dos o tres años, acabarás teniendo un mal teléfono que no te da todos los servicios que los nuevos pueden darte (gps, internet…). Entonces verás que necesitas ese nuevo teléfono. Cada nueva necesidad se instala para no irse. ¿No recuerdas cuando nadie tenía teléfono móvil? Pues hoy nadie puede vivir sin él. Saludos!


Javi, hay trabajos y trabajos. El mío, por ejemplo, sería imposible hacerlo en Ponferrada. La nueva Sociedad de la Información aspira a fomentar el teletrabajo, quizás cambien un poco las cosas a medio plazo.

junio 18, 2008 12:38 p. m.  
Blogger Antígona dijo...

Magnífico post, doctor Lagarto, mis felicitaciones, tanto por la claridad expositiva como por la lucidez y agudeza con que plantea, al hilo de la filosofía de Marcuse, esta cuestión que domina nuestras vidas.

Obviamente, creo que habría que pararse a pensar si toda la cultura humana no es, en el fondo, más que una máquina de crear necesidades. Si no es eso, precisamente, lo que ha determinado en buena medida nuestra evolución como especie: la necesidad o la inquietud por generar nuevas necesidades. Porque ahora ya no nos conformamos con una hoguera con la que calentarnos cuando hace frío. Necesitamos calefacción, agua caliente, e incluso una sofisticada combinación de paté a la pimienta con mermelada de arándanos sobre una tostada partida en dos para saciar nuestro apetito en lugar de una raíz cruda arrancada del suelo.

Ahora, comparto sin duda alguna el diagnóstico de Marcuse: sobrepasado cierto límite –habría que preguntarse, no obstante, cuál- la creación de necesidades deviene alienante. Alienante porque la sofisticación no nos sale gratis, sino todo lo contrario. Alienante porque el sistema económico cambia tiempo de trabajo -¿y qué somos, sino tiempo, días en el fondo contados?- por sofisticación sin que parezca dejar resquicio alguno al interrogante sobre si tal intercambio nos merece realmente la pena. E incluso cuando el interrogante surge en un destello inesperado de nuestra conciencia, o cuando se persiste en él a fuerza de rebeldía y malestar, la maquinaria no parece dejar lugar a posibles alternativas.

Dice usted que somos igual de felices o infelices que antes, pero más alienados. Yo diría, y es posible que Marcuse también, que somos más infelices. El tiempo de ocio, cada vez menos, se ha convertido además en tiempo de consumo, que es igualmente tiempo de trabajo. Basta irse un sábado por la tarde a cualquier centro comercial para comprobarlo. Gente que se aburre sin saber que se aburre, que diría García Calvo. La supuesta felicidad del consumo es la falsa felicidad de la inmediatez, de la impaciencia, como bien decía Marcuse, por recibir una satisfacción cuya inmediatez sólo puede darse a cambio de su falta de perdurabilidad y, a mi entender, de la sensación de vacío que entonces nos incita a seguir consumiendo. Pero la sensación de vacío no se esfuma con eso, más bien no deja de incrementarse. Tal vez la alienación pudiera definirse como la pérdida de conciencia sobre aquello que podría hacer mejores nuestras vidas. La aprobación de la jornada de 65 horas semanales –la condena divina a ganarnos el pan con el sudor de nuestra frente celebrada y aplaudida- es la prueba más evidente de esa pérdida de conciencia.

Weitermachen, sí. Pero, ¿en qué dirección? ¿Sería posible acabar con la voracidad de esos pocos sectores a la que aludía Javier Pérez sin que el sistema se viniera abajo aplastándonos a todos en su caída? ¿O el problema es que sin esa voracidad no estaríamos donde estamos y tampoco estamos dispuestos a renunciar al lugar en el que estamos?

Ahora, yo le aseguro que a mí los pantalones no me duran tres años, ¡sino muchos más! Pese a que, lo reconozco, me gusta tener al alcance de la mano ese producto comercial llamado “filosofía de Marcuse”.

¡Un beso, doctor Lagarto!

junio 18, 2008 7:31 p. m.  
Blogger MK dijo...

Pues ha llovido desde ese tiempo en que un grupo de mujeres salieron a las calles pidiendo "Pan y Rosas".
Pero parece haber llovido para nada...
Y eso de que cada nueva necesidad se instala para no irse , creo que es el meollo del problema.
Saber discernir lo que necesitamos realmente y lo que no , sería una posible solución personal.

junio 19, 2008 6:59 a. m.  
Blogger una mujer dijo...

Hola monsieur,

Llevo muchos años predicando que la única evolución posible hacia un mundo más equilibrado es la evolución de la conciencia, la globalización de la conciencia, un pensamiento global y común que nos lleve a cuidar los unos de los otros y no a machacarnos y explotarnos...

Me quedé con la boca abierta, el corazón encogido y el alma rota cuando me hablaron de la jornada brutal de 60 ó 65 horas semanales... La única explicación que le encuentro es qúe como no piensan en la subida del salario mínimo (que son aprox. 600 euros!!) sino que se piensa en congelar cualquier ingreso que provenga del sudor del hombre/mujer (no se me vayan a ofender los machistas y/o feministas)... creen que la única forma de pagar hipotecas y cualquier préstamo para poder pagar combustibles, productos agrícolas, del mar, etc... es que trabajemos doble para seguir manteniendo a los Bancos (con ellos nadie se mete... ¿por qué? si son los que tienen ya elaborada la historia futura...)

Únicamente añadir, indignada, que son muchas las personas que tienen dos trabajos, que no es una novedad esa jornada salarial, que ya llevamos mucho tiempo haciéndolo y que ni aun así llegamos a poder comprar lo que quieren meternos.

Un abrazo

Pd: Fui a la Feria y conocí al amigo Incuus, tambien tengo su espina.

junio 19, 2008 10:41 a. m.  
Blogger Churra dijo...

Mi trabajo lo podria realizar igual en Ponferrada o en Altea solo seria cuestion de morirme de hambre los 5 o 6 primeros años. Supongo que estoy atrapada y doy gracias por ello.
Yo seria , en los lunes al sol el que puso el bar ...
Un beso

junio 19, 2008 11:36 a. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Desde luego, doctora Antígona. Toda la historia de la humanidad desde que, desgraciadamente y para mal, bajó del árbol es un continuado esfuerzo por dominar la naturaleza. No tenemos grandes garras, no corremos como los grandes depredadores, no tenemos una concha que nos proteja… para sobrevivir sólo contamos con un cerebro ligeramente más complejo que el otros mamíferos y, lo más importante, unas cuerdas bucales que nos permiten comunicar mensajes complejos. La naturaleza no pinta nada en nuestra civilización. Somos en un 99,999% fenómenos culturales. Por eso me hacen mucha gracia los debates del tipo “¿son los homosexuales lo que son por su naturaleza?” qué estupidez reducir al hombre a su condición de mamífero bípedo.

Plantea usted el gran tema al que Marcuse no supo dar respuesta y así de claro lo escribió: no podemos saber que parte de nuestra conciencia nos pertenece y cuál es la que ha quedado alienada. No podemos saber qué necesidades (aparte de la de comer, dormir, calentarse, etc) se derivan de nuestra libertad humana y cuales no han sido impuestas. Marcuse tiende a pensar que todo lo libidinoso sería natural. Y no deja de ser inmediato lo libidinoso ¿no? no sé, no está muy claro para mí.

La única dirección posible es la que otro filósofo importantísimo de finales del siglo XX expuso, Buzz Lightyear: “Hasta el infinito y más allá” :P Aparte del chiste, supongo que marcase sólo nos quiere decir que la búsqueda de nosotros mismos no acabará nunca.

Un beso, doctora Antígona.

junio 19, 2008 2:35 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Mk, he leído por ahí que un norteamericano se ha propuesto encontrar los 100 objetos necesarios para vivir y no disponer de nada más (http://www.guynameddave.com/100-thing-challenge.html). ¡Dios mío, yo sólo en libros imprescindibles ya tengo más de 100!

Tus kits de supervivencia son mucho más eficientes ;)

junio 19, 2008 2:36 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Hola madame, tienes razón. Somos seres intersubjetivos. Quiero decir, lo que nos define como seres humanos es nuestra subjetividad (emociones, alegrías, tristezas…) y lo que nos hace comunidad es reconocer al resto como subjetividades también. No tenemos más remedio que cuidarnos entre todos.

Lo peor de lo de las 65 horas es ¡¡que es voluntario!! Esto es, que realmente piensan (y con razón) que algunas personas querrán hacerlo. ¿Y quién quiere hacerlo? Psicópatas desprovistos de conciencia, de libertad, de vida… y si esos tres o cuatro psicópatas, voluntariamente, deciden producir más… pues todos deberemos ir detrás si queremos volver a igualarnos en productividad. Es una locura. En realidad todo el Sistema económico fomenta que el liderazgo sea ejercido por psicópatas, ya lo decía Chomsky.

Ya te leí, sí. Me alegro de que conocieras al Yunque. Buen tipo ;)

Abrazos!

junio 19, 2008 2:36 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Churra, seguro que se te quedaría un tipillo estupendo, después de morirte de hambre durante 5 ó 6 años, pero yo no te aconsejaría. ¡Que hay cosas riquísimas por allí!

Los lunes al sol es una película muy abierta. El director sólo tiene dos o tres mensajes que ofrecer. El resto lo viven los protagonistas cada uno por su cuenta, de acuerdo a su manera de entender su ser en el mundo. Desde luego, la postura del que monta el bar es la más correcta. Pero hay otros Yoes que no pueden actuar de la misma manera. No todo el mundo es tan fuerte, tan decidido, tan ajeno a la conciencia colectiva y tan apto para aceptar derrotas injustas.

Un beso.

junio 19, 2008 2:36 p. m.  
Blogger Sibyla dijo...

El consumismo es una tela de araña que nos atrapa a todos...
En mi caso procuro zafarme, no necesitando más que lo necesario. La ropa me dura un montón o la reciclo. No me importa comprar los pantalones en tiendas de segunda mano, que se dicen llamar "para el progreso humano"...

Odio las tarjetas de crédito, o sea el dinero de plástico, que la mayoría de las veces sólo sirven para recordarte que puedes consumir con mayor libertad y menos impedimento.

Me gusta el epitafio, como sea, "sigamos adelante"...

Salud:)

junio 19, 2008 4:52 p. m.  
Blogger Carlos dijo...

Desde mi insignificante espacio en este planeta intento luchar contra este opresor sistema, inútil esfuerzo de terca tenacidad. Sigamos adelante como afirma hoy Marcuse.

Lagarto, sorpréndase por la jornada de 65 horas planteada por el parlamento europeo pero calcule lo que intuimos los latino americanos con el debate de repatriación de inmigrantes (ilegales).

Felicito su lucidez para expresar lo que sucede ahora y el nivel de alienación en el mundo.

Saludos.

junio 20, 2008 5:07 a. m.  
Blogger Nausicaa dijo...

Intento ser una cabezota sin remedio, aunque nadie me haga caso :P

junio 20, 2008 10:11 a. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Sibyla, tampoco tengo yo costumbre de ir de compras. Pero lo cierto es que el sistema necesita de nuestro consumo para crear empleo e inversión. Es un círculo vicioso del que es difícil salir. Pero sigamos, sí. No podemos abandonarnos a la lógica.


Carlos, la repatriación de inmigrantes es un movimiento regresivo en lo social, sí. Es lo que hay ahora en Europa. Y nadie dice nada, todo se acepta con la más absoluta normalidad. El proyecto de una Europa Unida lo están llevando a cabo un grupo de burócratas al servicio de las ventas empresariales. Es desolador, pero en mi opinión es además un error político, social, histórico, moral y de todo tipo.


Nausicaa, aquí siempre te hacemos caso. Los cabezotas son siempre apreciados ;)

junio 20, 2008 12:26 p. m.  
Blogger Bolero dijo...

ME CHIFLAN TUS LECTORES MADRE MIA ¡¡¡ESTOY APRENDIENDO MAS EN LOS BLOGS Q EN TOA MI VIA ¡¡¡

junio 20, 2008 2:15 p. m.  

Publicar un comentario

<< Home