lunes, julio 25, 2011

La fábrica de los deseos


“El problema no es si nuestros deseos se encuentran satisfechos o no, el problema es saber qué es lo que deseamos. Porque no hay nada de espontáneo, de natural en el deseo humano. Todos nuestros deseos son artificiales, nos enseñan que es lo que debemos desear” Slavoj Zizek.

El filósofo esloveno Zizek dice que es el Cine quien nos enseña a desear. Y es que el Cine, “el arte más perverso” según él, construye una realidad a partir de una construcción ideológica (el propio guión, la selección de los actores, el sitio donde poner la cámara). Nos plantea problemas y soluciones a un nivel más profundo de nuestra psique de lo que a simple vista percibimos. El cine nos penetra (con perdón) y hasta nos marca la manera que tenemos de soñar ¿Te has fijado, lector, que sueñas con planos y secuencias?, ¿en qué se parecen entonces nuestros sueños a los que tenían los hombres antes de que se inventara el cine? ¿somos lo mismo si soñamos de diferente manera?

Siempre hemos oído hablar de esos “objetos de deseo” que hemos conocido a través de la pantalla. Los hombres desearon a Marilyn en los cincuenta. A mí me encantaba Wynona en los noventa. Pero no hablo de este tipo de fabricación de deseos, sino de algo que ocurre en un lugar más inconsciente. El Cine nos crea una “realidad” que es ficticia, pero que acaba resultando más real que la realidad misma, ya que en el Cine encontramos todo aquello que somos pero que no estamos preparados para asumir. El Cine nos muestra lo que deseamos más inconscientemente pero al mismo tiempo nos lo pone a la distancia cómoda y segura que marca la pantalla. De esta manera podemos aceptarnos de una manera no traumática. Viéndonos en otros, en otros que son construidos a través de guiones. Esto es, ideología.

Por otra parte, cuando vemos una película, a un nivel más profundo de nuestra psique -donde realmente habita el deseo- estamos viendo otra película diferente que está determinando nuestras pulsiones más oscuras: nuestro deseo de amar, de matar o de morir.


Terciopelo azul, David Lynch (1986). Bien, es un thriller policíaco con oreja a las finas hierbas y algo de sexo morboso. ¿Pero es simplemente esto lo que nos inquieta realmente en esta película tan inquietante? No, claro que no. Lo que nos inquiera de esta película es que nos muestra lo que ya sabemos pero no nos atrevemos a aceptar: que hay un lado oscuro que se esconde tras todo lo que nos parece bello, y que llega un momento en que no sabemos bien si lo que nos atrae es esa belleza o ese lado oscuro.

Lynch nos enseña a desear no cruzar la frontera porque no podemos controlar nuestra pasión.





El show de Truman, Peter Weir (1998). Se trata de una comedia sobre el poder de la televisión y la falta de líneas morales de la misma en función de la audiencia. Pero lo que realmente nos descubre de nosotros mismos es que nos sentimos manipulados por una realidad que percibimos que nos falla, que no nos explica, de la que a veces no podemos sentirnos parte. Nos dice que nadie nos ama realmente, que nadie nunca estará lo necesariamente cerca.

El Show de Truman nos enseña a desear la libertad y la verdad. A buscarla al precio que sea, y no conformarnos con escenarios inventados por otros, porque su perfección apesta.





Tesis, de Alejandro Amenábar (1996). Una estudiante tendrá que descubrir cuál de sus dos amigos es un asesino sanguinario a sueldo de una mafia dedicada a las snuff movies. Aunque lo que realmente nos enseña es que lo que deseamos realmente no es el bienestar, sino asomarnos al horror, lo que el autor deja clarísimo con ese impresionante plano final.

La belleza es peligrosa y nos posee su fascinación. Si alguien nos pregunta de qué color son sus ojos, lector, es el momento de disparar. Cuidado con este vídeo, es el más completo de los spoilers.





Con faldas y a lo loco, de Billy Wilder (1959). Dos músicos se ven obligados a huir de Chicago disfrazados de mujeres en una orquesta femenina que tiene un contrato en Florida y ambos quedarán prendados de la misma compañera. ¿Es esto lo que nos produce una risa tonta a lo largo de la película, o no será, más bien, la desenfadada salida a una ambigüedad sexual que a lo mejor nos produce más interés del que nos atrevemos a admitir? ¿no es más una película lésbica que gay?

¿Y qué nos enseña a desear Con faldas y a lo loco? En el caso de los hombres, a querer ser mujeres para poder acercarnos al mundo de quien amamos, pero no tanto como para perder nuestra propia identidad, donde sólo encontraríamos problemas, ya que “nadie es perfecto”.






Creo que Solaris, de Andrei Tarkovski (1973) es la película que mejor explica el peligro de conocer nuestros deseos verdaderos. Solaris es una película de ciencia ficción que trata sobre un planeta en que los deseos se transforman en realidad incluso antes de volverse conscientes. El resultado de esta fantasía realizada es una realidad traumática y terrorífica imposible de aceptar.
¿Qué nos enseña a desear Solaris? Que ojo con lo que deseas, estimado lector. Será mejor que reprimas todo porque, como dice Zizek, no hay peor pesadilla que juntar realidad y fantasía al mismo nivel. Porque cada parte de nuestra compleja psicología tiene su sitio.





¿quién te enseñó a ti a desear, lector?



Una canción para los que desean: You can’t always get what you want, de Rolling Stones

Un libro para los que desean: El animal moribundo, de Philip Roth

Una película para los que desean: Ese oscuro objeto del deseo, de Luis Buñuel


.

40 Comments:

Blogger MK dijo...

Acabo de leerte y me pregunto qué te habrá llevado a escoger esas películas y no otras.
Invariablemente empiezan a desfilar en mi cabeza las que escogería yo.Siempre bajo la premisa de eso que tan bien explicas en tu entrada .Esa perversa manera que tiene el cine de cincelar a base de estudiados fotogramas el deseo colectivo.¿Porqué existen películas que te hacen pensar que han sido filmadas para tí y porqué consiguen que ese sentimiento tan íntimo esté compartido secretamente por las tres cuartas partes del aforo de la sala?.
Los sueños cine son , decía la canción...sigo pensando qué películas escogería yo.

Con final feliz , por supuesto!!!
Besos y un largo y cálido verano.

julio 26, 2011 10:22 a. m.  
Blogger Soy ficción dijo...

Mi madre siempre me decía "Cuidado con lo que deseas, que luego se vuelve realidad". Y tiene toda la razón, quizás no debamos dar rienda suelta a esos deseos, quizás necesitemos un filtro más de lo que creemos.

julio 26, 2011 10:54 a. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Hola Mk, el único patrón para haber seleccionado estas es porque son bastante conocidas y por la diferente temática y las diferentes épocas de las mismas, para dar una idea de que esa manipulación del inconsciente está en todo el cine, sea cual sea el género, la temática, la época. Pensaba poner otra de los sesenta: Los pájaros de Hitchcock y su violenta apología del incesto, pero ya me parecía que era excesivo. Hay muchas más películas donde la dinámica de los deseos subconscientes está clarísima. En realidad, creo que todo el cine, que toda experiencia narrativa habla de deseos. Me encantaría conocer las tuyas, claro que sí. Besos!

Soy Ficción, tu madre es muy inteligente. Desde luego que son peligrosos los deseos hechos realidad, ya que se mueven en campos muy distintos de nuestro Yo. Zizek también habla, y mucho, sobre las teorías del psicoanálisis de Lacan, que dice que nuestra psique se forma por tres campos ajenos entre sí: lo imaginario, lo simbólico y lo real. En fin, esto ya es muy complejo y no estoy seguro de poder explicarlo bien, pero básicamente dice lo mismo que tu madre :)

julio 26, 2011 11:14 a. m.  
Anonymous El peletero dijo...

Te transcribo una respuesta, apreciado Lagarto, a una entrevista que le hicieron a René Girard, antropólogo francés, autor de “Veo a Satán caer como el relámpago” un libro imprescindible para hablar de deseo:

-El arrastre mimético, en el estadio colectivo, es la culminación del deseo mimético que nace en el estadio individual. En la Biblia existe una concepción desconocida del deseo y los conflictos. Entre los diez mandamientos ("No matarás, no robarás", no cometerás adulterio, etcétera), el décimo contrasta con los precedentes: "No desearás la casa de tu prójimo, ni la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada de cuanto le pertenece" (Éxodo, 20, 17). Este último mandamiento se pasa a menudo por alto, pero es extremadamente importante en la medida en que se dirige al más banal de los deseos, el más común y, en apariencia, el más anodino. Dado que ese deseo es el más común de todos, ¿qué ocurriría si, en lugar de ser prohibido, fuera tolerado e incluso alentado? La respuesta es evidente: la guerra sería perpetua en el seno de todos los grupos humanos. Se abriría la puerta a la famosa pesadilla de Hobbes, la lucha de todos contra todos. Por lo tanto, para atreverse a pensar que las prohibiciones culturales son inútiles, como repiten los demagogos de la modernidad, hay que adherirse al individualismo más desmedido, el que presupone la autonomía total de los individuos, es decir, la autonomía de sus deseos. Hay que pensar, dicho en otros términos, que los hombres se ven naturalmente inclinados a no desear los bienes del prójimo. Ahora bien, basta contemplar a dos niños o a dos adultos peleándose por una fruslería para comprender que este postulado es falso y que es el postulado contrario, el único realista, el que subyace al décimo mandamiento. Se considera que el deseo es objetivo o subjetivo; pero, en realidad, reposa sobre otro que valoriza los objetos, el tercero más cercano, el prójimo. Para mantener la paz entre los hombres, hay que definir la prohibición en función de esta temible constatación: el prójimo es el modelo de nuestros deseos. Es lo que llamo el deseo mimético.

http://www.solidaridad.net/imprimir822_enesp.htm

Te has olvidado de “Un tranvía llamado deseo”, basada en una obra de Tennessee Williams

Saludos.

julio 26, 2011 2:18 p. m.  
Blogger Juan Antonio. Uno de los Dos dijo...

Curiosa descripción….cuando yo aún no tenia uso de razón, cada vez que salía del cine y la historia que había visto, el bueno (jejeje) moría, me iba muy triste a casa preguntándome el ¿porque? Luego en la cama dándole vueltas a la situación, siempre llegaba a la conclusión de que era una peli , que en verdad no había muerto nadie y eso me reconfortaba. Y así una y otra vez (la magia del cine) y las cosas de niño.

Del ranking que has subido difiero de “terciopelo azul” es una de las películas ¡pocas! en mi vida que me tuve que salir de la sala, aunque la critica fue cojonuda.
Salud

julio 27, 2011 11:11 a. m.  
Blogger Merce dijo...

¿Quién me enseño a desear? hmmm, creo que soy autodidacta, creo que todos lo somos en cuestiones de deseo...

Creo que fue Ovidio el primero que dijo aquello de que no se desea lo que no se conoce; pero cuando un día te das cuenta de que deseas algo ya es inevitable dejar de hacerlo, aunque ni siquiera sea algo recomendable. Hay veces que es mejor que los deseos no se conviertan en realidad... o quizá eso sólo sea un consuelo...

Como casi siempre en tu blog me lío... y es que haces que me ponga profunda y metafísica... :-P

Qué grande el maestro Wilder!!!

julio 27, 2011 1:56 p. m.  
Blogger ana dijo...

Cuando deseamos, es cuando más libres somos... sólo que como bien dices, cada parte de nuestra compleja psicología tiene su sitio.

Deseamos y somos deseados a través de la mirada de los demás. Si yo no me hubiera rodeado de lo que me ha rodeado, no desearía lo mismo.

Saludos.

julio 27, 2011 2:37 p. m.  
Blogger PSYCOMORO dijo...

Arrancar con "Terciopelo Azul" cualquier recorrido señala que te diriges haci un buen lugar; turbio, intranquilo, retador, pero el mejor de los lugares en el que empezar s soñar. Siempre es un placer compartir tus intenciones y destinos comunes, Lagarto. Saludos.

julio 27, 2011 11:11 p. m.  
Blogger Luzdeana (Diana H.) dijo...

Impecable, Lagarto, me encantó esta entrada. Hace poco leí un ensayo excelente, "Poesía, ese oscuro objeto de deseo", de Eduardo García. Lo descargué de algun sitio, no sé cuál, y según veo es de alguna publicación o revista que se llama Señales de Humo, te lo recomiendo. Si querés te lo envío. Creo que a mí me enseñaron a desear el cine y la literatura, seguramente entre otras cosas. Gracias por la advertencia, sé que es peligroso cruzar la frontera entre realidad y fantasía. Soy alguien que necesita que se lo recuerden...
Un abrazo.

julio 30, 2011 6:28 p. m.  
Blogger Antígona dijo...

Vi hace tiempo ese documental de Zizek, doctor Lagarto, y recuerdo que nada más terminar de verlo pensé que tenía que verlo otra vez con más calma, porque aunque en un nivel más inmediato resulta de lo más entretenido y sugerente, no es tan fácil comprender cómo las teorías de Zizek sobre el deseo quedan ejemplificadas en las diferentes escenas cinematográficas que va presentando.

No obstante, de la veracidad de su teoría ya me había yo convencido hace años gracias al autor que cita el amigo Peletero, René Girard, de quien leí un ensayo precioso llamado “Mentira romántica y verdad novelesca” que le recomiendo vivamente. Allí se expone cómo las grandes novelas –El Quijote, En busca del tiempo perdido, Madame Bovary, entre muchas otras- exponen esa verdad que René Girard ha defendido a lo largo de toda su andadura intelectual y que se expresa como la teoría del deseo mimético: no existen deseos originarios, el deseo no es una creación individual fruto de la espontaneidad de cada cual por más que a menudo nos dejemos engañar por este espejismo; nuestros objetos de deseo son siempre aprendidos y según Girard lo que deseamos es, básicamente, aquello que otros desean, aquello que otros han deseado previamente. No de otra cosa se alimentan nuestros más íntimos impulsos hacia el mundo y hacia los otros.

Entiendo que no es esto lo que Zizek plantea, pero tanto Girard como él coinciden en desmontar la falacia de la originalidad del deseo al destacar su carácter aprendido. Y leyendo su post no he podido dejar de acordarme de aquel post que colgó usted hace mucho sobre el análisis de Bettelheim de los cuentos infantiles, igualmente cargados, en su estructura más profunda, de enseñanzas y advertencias acerca de lo que se debe desear y lo que no. Ya sabe, Caperucita enseña que las adolescentes deben contener sus deseos de acercarse a desconocidos que podrían arrebatarle su virginidad, o que no deben desear a los hombres “lobo” por muchos deseos que tengan de ser devoradas por ellos.

Así que no dudo que el cine haga exactamente lo mismo aun sin poseer una pretensión expresa de manipulación o de adoctrinamiento. A fin de cuentas, las historias que cuenta el cine son historias de deseos humanos que se gestionan de una determinada manera y desembocan en unas u otras consecuencias. Con independencia de las diversas lecturas que tales deseos puedan cobrar, contemplamos en las películas modelos de actuación que no dejarán de influir más o menos en nuestra conducta ni de generar en nosotros o reforzar deseos que se nos transmiten socialmente.

Es cierto que no podría haber mayor pesadilla que el volverse reales de nuestras fantasías. Y Solaris lo ejemplifica magníficamente. Aunque, según Zizek, las fantasías sean imprescindibles en nuestra interacción con la realidad, nada más necesario que el permanecer de ambos planos estrictamente separados.

Un beso, doctor Lagarto!

julio 31, 2011 12:46 p. m.  
Blogger O SuSo dijo...

Uuuummm Wynona, en los noventa y siempre!!!

Gran reflexión, y totalmente de acuerdo, somos el homo sapiens filmicus o a saber como se diría...pues antes del cine se soñaba con las historias escritas, y antes, con las orales, mucho más básico, pero puede que mucho más libre.

Es cierto que todo es ideología, por suerte en el cine es como en los colegios públicos, te puede tocar un director, guionista, etc (profesor en el colegio) de una ideología u otra, y si ves lo que te cuenta y porqué, no pasa nada...lo perverso es cuando todos los profesores, o toda la industria cinematográfica, están en el mismo lado ideológico.
Y ya adentrándonos en estos pantanos, qué no es ideología? Nuestros pasatiempos? Nuestros horarios y ritmos de vida? La ropa que vestimos? El día y lugar que nos enamoramos? O el día que decidimos tener un bastago?
Si como ideología entendemos el condicionamiento previo al que hemos sido sometidos todo esto lo es; pero volvamos al cine...
Me encanta ese giro que le da ud. NoSurrender al distanciar al verdadero protagonista de la película, el espectador, de lo que está pasando. Eso incrementa nuestro deseo, porque algo hace clic clonc y clunc en nuestro cerebro mientras los ojos se empapan de otras realidades, y si, son reales porque las estamos viviendo en nuestro interior.

Terciopelo azul, uuummm, me acerqué a ella demasiado joven, por una afinidad estética a todo lo que tuviera tufillo rockero y me removió las entrañas. Oníricamente real.

El show de Truman, realmente no nos están controlando en cada movimiento que hacemos?

Amenábar es un genio, porque nos hace sentir la duda en la cercanía del horror, sin ser demasiado explícito, el guapo y socialmente aceptado puede ser el malo por puro placer? El raro puede ser un héroe con sus particularidades? La chica puede ser protgonista autosuficiente, sin sombras masculinas que le digan lo que debe pensar?

Con faldas y a lo loco, desternillante comedia de mi mito erótico de la pubertad, Marilyn con un levantar de cejas ya lo conseguía y una frase para la posteridad en el barco al final de todo“...y bueno, nadie es perfecto!”

Solaris no la he visto, pero ya lo deseo.

Sería incapaz de decir quien o qué me enseño a desear, el bocadillo del recreo, los cromos que nunca llegué a tener, la chica a la que no me atreví ni a saludar, la núsica que golpea en el pecho, no lo podría decir porque desde mi más tierna infancia he deseado, y continúo haciéndolo.

Muy buena entrada, como siempre, le deseo salud.

Saludos.

agosto 01, 2011 8:03 p. m.  
Blogger RBC dijo...

A los tiempos Lagarto....

Bien, yo creo que el cine te permite escudriñar esos vericuetos que se alojan en el inconciente del ser humano, casi asolapadamente te va llevando por laberintos donde van despertandose una serie de deseos, sensaciones, emociones y sentimientos que se es capaz de activar a través de escena que que se van visualizando....es todo un mundo dentro de otro mundo, como un despertar de despertares.

besos y espero no dejarnos de visitar tanto tiempo :)

agosto 04, 2011 3:04 a. m.  
Blogger gemmayla dijo...

Vaya, NoS., pensaba que el deseo es lo único primario, natural, instintivo..que nos quedaba al pobre ser humano !!!

Y ahora caigo en la cuenta que verdaderamente es el cine quien nos camela, galantea y seduce !!!

Es cierto que, como Owen Wilson en la última de Woody Allen, caer en el hechizo y verse transportado a los "infelices" años 20 es algo que despierta los anhelos más dormidos y recónditos del espíritu propio.

Pero el deseo a mi no me lo despertó el cine en si mismo, sino más bien el aroma de las palomitas de maiz y el refresco de turno, en especial la Fanta de limón, de las sesiones de cine sabatinas, con sesión doble y el barullo del gallinero. Me despertaban la apetencia de un no se qué cargado de frangancias. He de meditar exactamente qué y luego le digo, mi querido Lagarto.

Muy feliz Agosto !!!

Besos

agosto 04, 2011 11:50 a. m.  
Blogger Food and Drugs dijo...

Está la cosa como para desear cosas!!! jajaja
Yo personalmente me aferro al dicho de virgencita, que me quede como estoy, antes que descubrir más lados oscuros, tanto propios como ajenos.
Lo malo es que dejar de soñar es imposible. Nadie tiene un control tan absoluto sobre su propia realidad.
Y por desgracia los sueños suelen ser muy exigentes y poco pacientes.

En fin, debería ver más cine porque me he quedado a medias con tus reseñas. Lo que está claro es que en aquellas que he visto yo no tocaría una sola coma de lo dicho, sobre todo en el show de truman, película que verdaderamente obliga a una reflexión seria sobre la clase de vida que llevamos, y nuestra renuncia a la libertad en pro de las comodidades.
Un abrazo, Lagarto.

agosto 04, 2011 3:03 p. m.  
Blogger dany dijo...

hay querido lagarto...todas las peliculas que pusiste las vi, y las amo....terciopelo azul, tesis, son maravillosas...me encanta leerte.realmente me encanta...la causa del sufrimiento es el deseo...pero que maravilloso es desear y mas cinematograficamente...beso

agosto 06, 2011 8:04 p. m.  
Blogger Makiavelo dijo...

Buenos ejemplos de una ficción que cada vez reclamamos con más ansia.
Como drogodependientes diría yo.

Saludos.

agosto 07, 2011 10:04 a. m.  
Blogger Marga dijo...

Pues me cuesta saber quién me enseñó a soñar pero sí recuerdo el cuándo... en aquellas sesiones de tarde de los sábados, cuando era muy cría y me encantaba recostarme sobre mi padre mientras veíamos una película que inevitablemnte era en blanco y negro...

Asi que aprendí a desear en dos colores extremos, con argumentos más bien ingenuos pero casi siempre coherentes, típicos de las comedias de los 40 y 50, y con calorcito humano. Seguro que de ahí viene que mis deseos sean casi siempre tan atípicos y sencillos... jajaja.

Felices deseos, tenga usté, señor Lagarto!

agosto 08, 2011 11:26 a. m.  
Blogger tomae dijo...

Miraque ya me había pasado por aquí pensando si comentar algo de cine o algo de deseos, y por su puesto que me gustaría encontrarme con el genio de la Lámpara quizá por ello sería "Aladino" la película que sintetizaría a esta entrada...

O quizá esto no iba de pelis e pero cuando mencionaste el Show de Truman no pude evitar pensar en Matrix, cuando él sintetiza su decisión escogiendo la pastilla azul.

Sea lo que fuere, amigo Lagarto (si me lo permites) no me importaría ser el propio Forres Gump para seguir a la letra cualquier manual de instrucciones para que todo aquello funcionara...

Aunque le/te sobren los elogios, me ha encantado este post. Un Saludo "NoSourrounder"...esta entrada merece más que un Dolby Stereo...

agosto 08, 2011 7:35 p. m.  
Blogger egolastra dijo...

Pues llegado un punto deberíamos desaprender, olvidar todo y a todos los que nos han enseñado a desear... bueno a todos menos a aquella compañera del colegio que... :D

Siempre tocando la fibra Lagarto, siempre certero.

Saludos.

agosto 08, 2011 8:53 p. m.  
Blogger Alicia María Abatilli dijo...

Quizás todo tenga que ver con el miedo, quizás no sea tan terrible el deseo, lo peor es no desear.
Leerte es desear continuar haciéndolo.
Alicia

agosto 08, 2011 11:38 p. m.  
Blogger Tomás Serrano dijo...

Es increíble cómo afecta el cine en los sueños. A veces negativamente. Desde que vi Avatar me levanto muchos días con dolor de cabeza: he empezado a soñar en 3D pero sin gafas lo veo todo borroso...

agosto 09, 2011 12:59 p. m.  
Blogger pazzos dijo...

Deseo todo lo que está detrás de un cristal.
La locutora de televisión que me enamoró cuando tenía cinco años. (La diferencia de edad era otra barrera de cristal)
Deseo el pastel del escaparate.
Deseo la ingravidez de los peces en el acuario.
Deseo a la chica del metro de enfrente. Y la fugacidad aviva mi deseo.
Deseo la trasparencia de las urnas, que la luz las atraviese y las transforme en un futuro de diamante puro.
Deseo al tipo del espejo, aunque sé que, en el fondo, el nuestro es un matrimonio de conveniencia.

agosto 20, 2011 11:43 a. m.  
Blogger Roberto dijo...

Zizek es pura dinamita eh? leí hace poco algo de él y me dejo fascinado...

tu análisis es muy interesante...

tal vez no seamos más que el sueño de un androide debidamente programado

un abrazo

agosto 23, 2011 7:07 p. m.  
Blogger Zorro de Segovia dijo...

Gatacca, 1997, de Andrew Niccol, nos habla de una sociedad en vías de perfección, donde conviven los restos indeseados de un mundo antiguo y rudimentario con el FUTURO.

A mí me enseñó mucho sobre el deseo: el deseo de perseverar, el deseo de acabar con la frustración, el deseo de exterminar aquello que nos recuerda lo que no nos gusta.

Como dice tú lectora Alicia quizá todo deseo tenga que ver con el miedo ...

agosto 27, 2011 4:39 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Peletero, es muy interesante la interpretación que del Décimo Mandamiento hace René Girard. Y es curioso que la sociedad consumista que nos hemos dado se basa en una publicidad de clarísimas raíces freudianas que, precisamente, promueve ese deseo de los bienes del prójimo. Quizás la competitividad que crea el consumismo a todos los niveles (desde sus compras en el supermercado hasta su mismísima sexualidad) sea un sustituto de la guerra de la que habla Girard.

Por cierto, decía el economista Thorstein Veblen que lo deseos de consumo del comprador están forjados con su deseo de pertenencia a un grupo, lo que se sitúa directamente en ese Décimo Mandamiento.

Salud!

septiembre 01, 2011 6:33 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Juan Antonio, puede que Blue Velvet no sea la mejor de las películas, pero la he traído porque sí creo que expresa bien cómo muestra el cine el deseo. Es una historia muy dura, lo más parecido a una pesadilla. Pero, ¿no es cierto que a veces nuestros deseos buscan un límite peligroso? Salud!



Ana, todo nos condiciona y nos explica, claro que sí. Somos la circunstancia, pero ¿hemos elegido libremente esa circunstancia, o alguien nos ha mostrado el camino? ¿no hacemos eso con nuestros propios hijos? Besos!

septiembre 01, 2011 6:34 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Merce, creo que, si lo pensamos dos veces, quizás no somos tan autodidactas en nuestros deseos. Quizás hemos asimilado modelos impuestos desde fuera, algo así. O, visto desde el punto de vista de Ovidio, deseamos lo que nos han hecho conocer como objeto de deseo.

Te pongo un ejemplo. ¿Por qué el modelo de mujer tía-buena es tan parecido para todo el mundo, si no es porque nos viene impuesto desde fuera? No hay ninguna razón objetiva ni mucho menos, para explicar que una mujer gorda sea oficialmente menos deseada que una delgada, y sin embargo sucede.

Brindo contigo por Wilder. Besos!

septiembre 01, 2011 6:34 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Psycomoro, lo que más me impacta de Terciopelo Azul es su comienzo. Ese viaje al interior terrible del precioso jardín es toda una metáfora de lo que nos vamos a encontrar, sin duda. Porque quizás la belleza no es más que una máscara del dolor. Salud!



Luzdeana, no conozco la publicación, pero el título parece atractivo. Creo que los mecanismos del deseo humano son muy inquietantes, desde luego. En cuanto a la frontera, esa línea tan fina que separa la realidad de la fantasía, es bueno respetarla. Un abrazo!

septiembre 01, 2011 6:34 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Doctora Antígona, tiene usted razón en que Zizek resulta a veces un tanto oscuro. Me interesa su visión, aunque tampoco la controlo completamente. En cualquier caso, no quería hacer aquí un resumen de toda la filosofía del autor que aparece en ese documental, lo que me obligaría a entrar en las complejas aguas de Lacan, donde no me siento nada cómodo.

Su referencia a la obra de René Girard me ha recordado otra obra que también vendría un poco al caso, de Denis de Rougemont: El amor y Occidente. En esta obra, entre otras cosas, el autor asegura que como el amor feliz no tiene historia, toda la literatura occidental ha decidido llenarla de pasión trágica, de desgracia e idealización, de manera que la experiencia vicaria que adquirimos de este verbo amar acaba estando basada en aspectos que no se corresponden a la vida real y nos alejaría de la felicidad propia.

Me ha parecido muy interesante que traiga aquí el psicoanálisis de los cuentos de hadas de Bettelheim, porque realmente está planteando lo mismo que plantea Zizek, pero trasladándolo a todo el sistema educativo popular de toda la historia civilizada de la humanidad. La fábrica de deseos ya existía en tiempos de Esopo.

Un beso, doctora Antígona!

septiembre 01, 2011 6:34 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

O Suso, me temo que el tiempo no espera nadie, ni siquiera a Wynona, y que la ley de la gravedad acaba imponiéndose. Por eso hice esa acotación a los años noventa, cuando hizo el Drácula de Coppola.

Tiene razón usted, como Antígona, al traer toda la literatura popular para corroborar lo que imprime el Cine en nuestra fábrica de deseos. Y esta fábrica de deseos está cargada de ideología porque, según Zizek, la ideología es lo que regula la relación entre lo visible y lo invisible. Zizek nos diría que, más que con prácticas concretas de nuestra rutina, marcaría nuestros fetichismos a un nivel freudiano, de manera que estaríamos en un discurso que va mucho más allá de las palabras y las prácticas. Zizek siempre es complicado.

Solaris es una película difícil, pero estoy seguro de que le interesará. Creo que hay una versión americana de la misma, seguramente mucho más asequible que la original rusa de Tarkovski... Pero es que Tarkovski es Tarkovski.

Salud!

septiembre 01, 2011 6:34 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

RBC, es un placer verte por aquí, siempre. Efectivamente, Zizek analiza la experiencia cinematográfica en términos freudianos y lacanianos. Sus análisis son muy interesantes, y estoy seguro de que te interesará mucho su documental The Pervert's Guide to Cinema (no sé cómo está traducida a castellano), donde desarrolla todas estas teorías.

Besos!

septiembre 01, 2011 6:35 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Gemmayla, pues me temo que va a ser cierto que ni siquiera en ese campo tan privado como es el de nuestros deseos más ocultos y perversos, existe esa plena libertad. La ideología (el discurso literario) condiciona nuestro subconsciente haciendo que todo lo que pensemos como “lógico” o “privado” acabe siendo de alguna manera impuesto.

He visto hace poco la última de Woody Allen y me ha dado algo para el próximo post. Ay, menos mal que tenemos a Allen en estos duros tiempos.

Besos!

septiembre 01, 2011 6:35 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Food & Drugs, lo malo es que es condición de vida que pasen cosas, y que sólo dejan de pasar cuando ya no estás vivo. Así que habrá que ponerse los guantes de boxeo y estar preparado. Si no dominamos las salas más oscuras de nuestra psicología, al menos tratemos de enfrentarnos a ellas.

Creo que El show de Truman es una películas más interesantes de los noventa. Bueno, en realidad para mí lo es todo lo que ha hecho Peter Weir, uno de los directores más interesantes que hay en el mundo. Quien no la haya visto no debería perdérsela. Es toda una experiencia y todo un ejercicio de reflexión.

Salud!

septiembre 01, 2011 6:35 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Dany, tienes razón: la causa de todos los sufrimientos es nuestro deseo. Estar vivo es soñar y es permanecer insatisfechos. Sólo el hambre nos hace estar vivos. Como decía Springsteen, “stay hard, stay hungry, stay alive”.

Nos vemos en el hermoso campo de batalla, Dany.

Besos!

septiembre 01, 2011 6:35 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Makiavelo, ya dijo alguien eso de “no sólo de pan vive el hombre…” Al menos para mí, el cine sigue siendo una droga imprescindible. Salud!



Marga, ah, las sesiones de tarde los sábados, sí. Qué interesante hacía el mundo. Aunque siempre era mejor la Sesión de Noche, lo que no deja de ser también otra lección para la vida :) Felices deseos, Marga!

septiembre 01, 2011 6:35 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Tomae, la historia de Aladino también tiene su punto freudiano, según he leído en algún sitio. De hecho, se expresa la evolución de sus deseos como las tres etapas freudianas de desarrollo emocional: oral (cuando pide comida), anal (riquezas tangibles) y fálica (cuando se enamora de Bradalbudur)… por no hablar de la evidente simbología sexual de la cueva :)

Matrix es una gran película con un mensaje muy evidente, sí. Creo que ya hablé de las pastillas azules y rojas en un post por aquí hace tiempo, por eso no la incluí. Aunque desde luego que debería estar como gran ejemplo que es del deseo de verdad vs seguridad.

Salud y gracias por los elogios!

septiembre 01, 2011 6:35 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Egolastra, no está mal eso de desaprender. Al final vamos por la vida cargados de automatismos y prejuicios que no nos dejan vernos a nosotros mismos. Pero cuesta, eh. Salud y recuerdos para la compañera de colegio!



Alicia, supongo que es imposible no desear, a no ser que seas un monje budista y hayas llegado al máximo nivel del nirvana… el deseo es implícito al hecho de estar vivos. Y me temo que el miedo también. Todas las decisiones que vamos tomando en la vida, al final, se basan en una combinación de amor y miedo, en la que la balanza se va inclinando hacia un lado y otro, ¿no te parece? Un abrazo.

septiembre 01, 2011 6:36 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Tomás, a mí no me gusta nada el cine en 3D. Esas gafas me desconcentran muchísimo, y las texturas de la fotografía, aunque parezca una contradicción, se me hacen mucho más irreales y distantes. No me extraña que Avatar te levantara dolor de cabeza :) Salud!



Pazzos, quizás lo que desees sea entonces el cristal, la muestra obscena de lo inaccesible, la insatisfacción morbosa del mirar y no tocar :) En cuanto a las urnas, estoy de acuerdo contigo. se necesita mucha más luz de la que tenemos. Están pasando cosas demasiado miserables. Salud!

septiembre 01, 2011 6:36 p. m.  
Blogger NoSurrender dijo...

Roberto, si te interesa el personaje de Zizek te recomiendo un documental que hay sobre su persona y su pensamiento, que se llama también Zizek. Está muy accesible en la red, incluso en Youtube, por pedacitos. Decía Shelley eso de “no despiertes a la serpiente…”, y vamos a tener que actualizarlo a “no despiertes a nuestro androide…” :) Salud!



Zorro, me encantó Gattaca. No sólo por el texto, también su estética fría y metálica me pareció fascinante. Podría haber estado aquí perfectamente, una pena no haberme acordado a tiempo de ella Y desde luego, la peor pesadilla puede ser vernos a nosotros mismos. Salud!

septiembre 01, 2011 6:36 p. m.  
Blogger Maeve dijo...

Que gran entrada.


Leer, leer y no dejar de aprender.

Gracias :)

septiembre 18, 2011 2:13 p. m.  

Publicar un comentario

<< Home